jueves, 21 de enero de 2010

Terracota

Hace algunos días tuve la oportunidad de visitar el Centro Cultural del Palacio de La Moneda en Santiago de Chile donde se exhibía una destacada muestra de objetos traídos de China pertenecientes a las dinastías Qin y Han, entre estos varias de las famosas estatuas de los guerreros de terracota, esculturas realmente impresionantes tal como el rostro de la fotografía y que pertenecen al patrimonio cultural de la humanidad.
Como es conocido este ejército que fue descubierto bajo tierra algunas décadas atrás fue creado por orden del emperador chino Qin Shijuang con la esperanza de que estos soldados lo acompañaran en su reinado más allá de la muerte. Impresionante es que cada una del millar de estatuas desenterradas tiene detalles únicos y distintos de las demás y entre ellas se cuentas guerreros, arqueros, generales, carruajes y caballos.
Dos mil doscientos años después esta obra sigue siendo admirable desde el punto de vista histórico, antropológico, cultural y artístico, pero con una mirada moderna en lo práctico y humano pareciera resultar un despropósito, en especial al saber que tamaña empresa significó el trabajo forzado y la esclavización de cientos y millares de artistas y obreros chinos que fueron obligados a soportar condiciones infrahumanas por satisfacer la megalomanía y pretensiones divinas de un individuo.Luego de meditar sobre la obra del emperador Qin no me dejo de preguntar si en dos mil años más o quizás muchos antes la humanidad analizará con asombro pero con ciertos cuestionamientos éticos nuestros imperios modernos, y no me refiero necesariamente a los poderes políticos sino a aquellas casi incalculables fortunas amasadas por jeque árabes, banqueros europeos y uno que otro genio del comercio y la informática norteamericano. Quizás observaran sin poder entender porque un ser mortal pretende acumular una cantidad de bienes y dinero que ni siquiera en mil años podría gastar; quizás al observar los hoteles de Dubai, en ese entonces en ruinas, se cuestionaran cómo fue posible generar tanto lujo y ostentación en un país donde la gran mayoría de la población vive bajo la línea de la pobreza; quizás algo aprenderán o quizás se encontrarán abocados a construir sus propios elefantes blancos.

6 comentarios:

POLIDORI dijo...

La megalomanía es el más frecuente de los delirios de los poderosos en general y de los gobernantes en particular. Ayer, hoy y mañana.

Lo importante es que los que no somos poderosos ni gobernantes lo llevemos lo mejor posible.




John W.

Belén dijo...

Tantas culturas por descubrir... mi hermano tuvo la oportunidad de verlas en directo en China y aún está un poco alucinado...

Besicos

Lala dijo...

La avaricia, el ansia de poder, el empeño en la eternidad, hace que, como dices, a lo largo de la historia haya quien, en su "locura", se pasara la humanidad por el forro.
Y como dices también, hoy día podemos observarlo igualmente en esas fortunas que no tienen nunca saciada la sed.
Qué necesidad hay cuando ya uno no necesita nada más?
Por qué sucede?
Somos tan complejos...


Un beso


Lala

mi nombre es alma dijo...

Esos guerreros han viajado después de tantos años como signo de bellelza y de arte y han recorrido el mundo entero. Ojala eso fuera un signo de que las cosas han cambiado y que esos guerreros no son necesario y la belleza es disfrute de todo, pero me temo que no.

Un abrazo

Manel Aljama dijo...

Un texto muy bueno y muy certero que nos invita a pensar. ciertamente, ahora, parecemos más el final del Imperio Romano que el de un ciclo cualquiera de la historia.

No tengo tan claro que si suece un cataclismo, quede mucho de lo nuestro y actual, y, en cambio perdure lo más antiguo. Uno de los problemas que más preocupa a documentalistas e historiadores es el constante cambio en el formato en el que actualmente se almacenan los datos. Sin lectores adeucados es como si no quedase nada.

Y si quedasen y las generaciones futuras observasen cintas y cintas de programas de televisión de esos de cotilleo (llamados tele-basura) se harían una idea acertada de lo frívola que fue la generación de final del siglo XX y principios del XXI...

Pamela dijo...

Quedé fascinada frente a los guerreros de terracota. NO me hice tantas preguntas, simplemente disfruté de la capacidad creativa del ser humano. Ahora me pones a pensar en esa otra cara de la moneda y me sobrecoge la angustia. Abrazos