martes, 5 de enero de 2010

Las Barbas del Abuelo

El liquen que pueden ver cubriendo la corteza de la araucaria en la fotografía es una criatura asombrosa. De partida no es "una" sino la unión de dos seres vivos: un hongo y una alga que conviven en una perfecta simbiosis. Para existir, los liquenes necesitan de abundante humedad, poca luz solar y un "suelo" con algún grado de descomposicióm, por lo mimo solo es posible encontrarlos en árboles ancianos que según la especie superan los cien o más años, solo en estos el follaje entrega la sombra necesaria y la corteza es lo suficientemente rica en nutrientes producto de su degradación. Más allá de las cualidades botánicas, en lo estético los liquenes vienen a ser una suerte de verdadera barba par los árboles adultos y su tono verde musgo pareciera ser las canas de estos gigantes centenarios.
Me llama la atención como en nuestra sociedad ha cambiado la relación con las barbas canosas. Como algunos saben vengo de una familia conservadora en donde el respeto irrestricto por los mayores era una norma inquebrantable e incuestionable. Del pater familia de turno siempre habí algo que aprender y nunca sus consejos y experiencia podían ser desechados.
Al mirar atrás me parecen lejanos esos días cuando era un muchacho de casi veinte años que recién entraba al mundo laboral y que tenía todo por aprender de sus colegas y superiores más adultos. Hor en día, tan solo veinte años después, sin cumplir los cuarenta años me he convertido en uno de los mayores en mi grupo de trabajo y no puedo negar que en más de alguna ocasión me he sentdo un tanto discriminado y menospreciado por los más jovenes. Es cierto que ya se hace dificil trasnocar un par de días seguidos para uego presentarse al trabajo como si nada, también es cierto que las visitas al médico, hasta hace poco inexistentes se han vuelto más periódicas, pero no es menos cierto que aún me queda muchísima energía y experiencia recogida que aportar, cuestión que se nota cuando las cosas se ponen difíciles y es el "abuelo" el que tiene que entrar a dar la cara por el resto y poner orden.
Si ocurre esto con quienes estamos recién cerca de los cuarenta que sucede con quienes tienen cincuenta, sesenta o más, dejaremos de considerarlos entes productivos y los enviaremo a un destierro propio de los lobos de las estepas.
Actualmente nuestra sociedad occidental se enfrenta a una paradoja sin precedentes: Nunca antes en la historia de la humanidad las esperanzas de vida habían sido tan altas, llama la atención que por ejemplo los mayores de cien años en Estados Unidos se acerquen a lo cien mil y se proyecten al medio millón para el 2040; también nunca antes, producto de los metodos anticonceptivos y la postergación de la maternidad, las tasas de natalidad habían sido tan bajas en los países desarrollados; pero, y ahí está la paradoja, con una población cada vez mayor y con una creciente optimización de su calidad de vida en la vejez, nunca antes habiamos rendido un culto tan excesivo a la juventud.
Toda nuestra iconografía publicitaria gira en torno a cuerpos jovenes y vigorosos, los máximos héroes del deporte son muchachos que hace poco aprendieron a anudarse los zapatos, las ventanillas de bancos, centros comerciales y oficinas de atención de pública rebosan de rostros tersos y sin canas.
Es cierto que aún la sociedad siente algún respeto por sus adultos mayores, pero a diferencia de Oriente, donde ese respeto se da en la forma de admiración, en occidente toma la forma de una suerte de conmiseración, de pena y lastima porque los abuelos no son capaces de hacer las cosas como las hacen los jovenes.
Nuestros desafío como sociedad no va solo en torno a salvar la ecología del planeta, lograr una mejor distribución de la riquezas, por nombrar algunos, sino también en torno a incorporar a nuestra masa productiva a ese inmenzo y creciente número de hombres y mujeres de pelo cano y años a cuestas que aún tienen muchísimo por entregar, no es posible que los obliguemos a que el paso de los años se transforme en el peso de los años.

8 comentarios:

POLIDORI dijo...

La juventud es un valor sobrestimado que se cura con el tiempo... para añorarlo continuamente y volver a sobrestimarlo de por vida. Con todo lo que implica.




John W.

Pamela dijo...

He visto viejitos abandonados a su suerte en hospitales y "hogares", la vejez me sobrecoge, ojalá pudiéramos ser como esos árboles que alimentan las barbas (que por cierto dan un color café precioso con el que tiñen las lanas las mujeres sureñas).

Amigo Luis, ojalá puedas visitar San Martín y sus alrededores!

Lala dijo...

Siempre he pensado que la sociedad en general es absolutamente injusta con los mayores.
Y también me resulta chocante que las personas encargadas de gestionar nuestras sociedades, no lo hagan mejor con los mayores, porque, es que no saben que ellos también lo serán? No te parece raro que se aleje de la mente eso de que seré mayor algún día y querré lo mejor?
Estoy de acuerdo contigo en todo.


Un beso


Lala

Robërto Loigar dijo...

Hola Luis, que bueno es abrir las ventanas del año que comienza y leerte.

Las barbas del abuelo, mis barbas también. Un ejército callado que se sienta con los fusiles dormidos en el recuerdo.

Me uno a los párrafos efusívamente.

Saludos dobles!

Ursula dijo...

Luis...

lamentablemente... antes las barbas del abuelo... eran signos de experiencia y sabiduría... de respeto y cariño...
que lejos están esos tiempos...!
sin embargo amigo querido... el paso del tiempo nos llega a todos... y a todos nos espera ser medidos con la misma vara... no es para resignarse... es para tratar de cambiar!!

hermosos días!!!

beso!!

tomasuncafe dijo...

Tal vez tenga que ver con lo que nosotros brindamos en la educación de los menores y lo que nos brindaron y entonces podríamos concluir que en realidad occidente siempre educo despreciando a la vejez inflingiendo consejos de respeto hipócrita hacia los mayores y estos días sean el producto de esta educación que santifica el éxito y los iconos,
no lo se,
un abrazo

mi nombre es alma dijo...

En esto, ni ne nada, tenemos que generalizar. Conozco abuelos de pelo cano enormemente idiotas y que no enseñarán nunca nada a nadie, al menos nada bueno, pero también personas mayores como mi propia madre que con 81 años,es capaz de cantar, bailar, y sobre todo enseñarte a vivir con alegría. Y sentirse bien con su edad.
Otra cosa, y como apunta otro comentarista, es que quizás sea la educación que hemos dado a esos jovenes los que le han hecho perder el respeto a sus mayores, a todos.

Un abrazo,como siempre, un placer reflexionar en tu casa

zayi dijo...

YO SIGO SIENDO DE LAS QUE RESPETA LAS BARBAS DE LOS ABUELOS...NO SÉ PERO ME GUSTA ESCUCHARLES Y APRENDER...A VECES NI SIQUIERA HACE FALTA ESCUCHARLES PARA APRENDER...
UN BESO GRANDE.