miércoles, 20 de octubre de 2010

Un Niño y Un Árbol

Creo que mi hijo es un perfecto representante de lo que son los adolescentes actuales y con ello me refiero a que es por sobre todo un muchacho absolutamente tecnologizado. No importa lo complejo o la cantidad de botones y funciones que tenga determinado aparato le basta un par de minutos para comprender a cabalidad su funcionamiento, se comunica con la mayoría de sus amistades por internet y mensajes de texto, puede pasar largas horas jugando frente al Play Station o conectado a la web en su laptop, y como si esto no ocupara buena parte de sus sentidos además sus oídos se encuentran permanentemente tapados por los audífonos de su reproductor de mp3.
Supongo que tanta tecnología es lo que ha vuelto a nuestros chicos un tanto retraídos e indiferentes, en particular a la hora de manifestar opinión o pronunciarse sobre algo en particular.
¿El domingo vamos al cine o a montar caballos?
R. Decide tú.
¿Qué quieres que prepare de cenar?
R. Me da lo mismo, cualquier cosa.
¿Prefieres que viajemos de vacaciones a la playa o a la cordillera?
R. Donde sea…. Pero el hostal tiene que tener wi fi.
Y así podría mencionar cientos de preguntas contestadas con abundancia de monosílabos e igual desidia.
Pero toda esta postura del “no estoy ni ahí” (frase popularizada por un tenista chileno que implica que todo da lo mismo) cambia por completo cuando entra en contacto con la naturaleza, como si la cercanía de la tierra, la flora y la fauna lo fueran re humanizando y los archivos digitales comenzaran a retroceder.
Nunca he visto a mi hijo más contento y feliz que cuando recogió a un pichón de pingüino abandonado en unos roqueríos, o cuando compartió su colación de marcha con un simpático zorro gris, o cuando se dedicó por horas a fotografiar a un carpintero negro en lo alto de un árbol, o cuando hemos alcanzado la cumbre de un monte, o cuando (como se ve en la imagen superior) estando en la isla de Chiloé se dedicó a trepar cada rama de este hermoso castaño de seguro soñando con construir una casa en lo alto o imaginando que se trataba de la más suprema de las aventuras.
Tengo claro que en mi rol de padre no lograría mucho escondiéndole sus juguetes tecnológicos, lo que sé es que debo continuar inyectándole periódicas y disimuladas dosis de contacto con la naturaleza disfrazadas de paseo de fin de semana y de esa forma su tierna candidez se mantendrá latente y de paso nos llenamos de momentos dignos de recordar.

11 comentarios:

Chus dijo...

Al mio le pasa lo mismo, las nuevas tecnologías lo absorben, la naturaleza no es lo suyo, pero sin embargo es una persona muy sociable y un relaciones publicas nato, sus amigos en la red y fuera de ella se cuentan creo que a cientos.
Me encanta la foto, es una preciosidad. Un saludo

Ana dijo...

Qué difícil, Luis! Conectados con cientos de "contactos" a través de chat, con cientos de "amigos" en las redes sociales pero generalmente incomunicados con todos. Porque en el fondo poco es lo que tienen para comunicar.
La experiencia compartida a tu lado, ahora, en un bosque, una playa, un pueblo será lo que le de sentido a otras con otros y podrá comunicar por cualquiera de los puertos con sus cables que le sirven de despegue. Sin lugar a dudas. La manzanita nunca cae lejos del árbol.
Tu foto dice más que todas estas mis palabras.
Un abrazo

Patricia González Palacios dijo...

Hay que te entiendo, el mayor es una mezcla de técnología y parece vivir en un mundo paralelo, mi chiquita es más sensible a la naturaleza y al mundo que la rodea, tal vez porque la agarré a tiempo para sumergirla en mundos de juegos y fántasía, que afloran de mi alma de niña. Creo que no perder esa esencia es fundamental para poder ver el mundo más allá, de otra manera las personas parecen encegecer.
Y en otra cosa mi mayor sueño siempre ha sido tener una casa en el árbol, tal vez cuando tenga nietos pueda cumplir ese sueño junto con ellos, ahora vamos a ver si me puedo subir!!, besitos.

Belén dijo...

Una compañera del curso de relatos que hago lo reflejó muy bien una vez... era un relato futurista de un viaje a la Luna que habían pagado un matrimonio, recordando su luna de miel, pero esta vez con su hijo... y éste se lo perdió todo por estar jugando con la fairstation 60.0

Besicos

Pamela dijo...

La foto es maravillosa y creo que tu hijo hace lo que tiene que hacer, y es evidente que tu, como padre, también estás haciendo todo lo que está en tus manos por mostrarle esa otra cara de la vida, ! besitos

MaLena Ezcurra dijo...

Pero qué bueno que se contacte con la naturaleza, que tenga ganas de treparse a un árbol, de sentirse parte de la tierra.

Sus elecciones no son porque si, creo, tanto la parafernalia tecnológica, como el verde del bosque, no nos hacen doler, no lastiman.


Un abrazo enorme.


M,

Alís dijo...

No hacemos nada apartándolos de lo que es el mundo hoy en día, con la tecnología imponiéndose en todos los aspectos de la vida. Pero tu hijo tiene suerte por tener un padre preocupado de conectarlo también a la naturaleza, por humanizarlo... Que eso le guste, que lo disfrute, habla de lo bien que has logrado motivarlo. Te felicito

Besos

Ligia dijo...

Un buen sistema el tuyo me parece, porque sacarías menos si le prohibieras esos juguetes tecnológicos, como dices tú. Hay otros valores que los jóvenes también necesitan y los padres son los que mejor lo saben inculcar. Abrazos

Raúl dijo...

Mi querido Luis (sonrío) los tiempos avanzan que es una barbaridad, que decía la copla.

Patricia González Palacios dijo...

Hola, vi tus fotos maravillosas y ese atardecer, una vista magnifica!! besitos.

mi nombre es alma dijo...

En cualquier tiempo lo básico es el equilibrio y el sentido común. No hay más.