viernes, 10 de julio de 2009

Atardeceres Nerudianos

Fácil de describir, sencillamente un hermoso atardecer estival en la Roca Oceánica, santuario de la naturaleza y refugio de enamorados a medio camino entre los balnearios de Reñaca y Concón en el litoral central de Chile. La silueta de la derecha, también fácil, una gaviota; la de la izquierda un poco más compleja: la bandera elegida para sí mismo por el poeta Pablo Neruda, dos círculos armilares con un pez en su interior en donde algunos creyeron ver algún animal místico y en donde el vate tan sólo veía un “pescado frito”.
Neruda se ha convertido en una suerte de emblema del orgullo patrio para mis connacionales, mencionado hasta el cansancio en cuanta ceremonia cultural se desarrolle y en toda suerte de conversación de corte intelectualoide, en especial si hay extranjeros presentes. No es que no se merezca ese sitial porque es suyo de sobra, pero no es menos cierto que la mayoría de los chilenos lo conocemos casi exclusivamente por frases como “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…” o “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”.
Gabriel García Márquez lo recordará como “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”, y Harold Bloom dirá de él que “ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”. Algunos lo recordarán por su grandeza realizando esfuerzos sobrehumanos para ofrecer asilo en nuestro suelo a los refugiados de la Guerra Civil española, tal vez como una forma de saldar la deuda de lo que no pudo hacer por su amigo García Lorca. También algunos lo recordarán por su pequeñez, permaneciendo como un padre completamente ausente para su única hija enferma de hidrocefalia al punto de ni siquiera asistir al funeral de esta.
Pablo Neruda era sencillamente un ser humano, lleno de luces y sombras, certezas y contradicciones, pero por sobre todo un hombre continua y permanentemente enamorado, no de una mujer en particular como dan prueba sus tres matrimonios y numerosas amantes, sino que enamorado del estar enamorado.
Más allá de cómo lo describan sus biografías y lo que los textos hablen de él, creo que lo justo es recordar a Neruda de la forma en la que él quiso ser recordado, tal como lo escribió en el verso que más tarde se convirtiera en su propio réquiem, el mismo que les comparto: un fragmento de “Pido Silencio”.

“Ahora me dejen tranquilo
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos
Y sólo quiero cinco cosas
Cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
Vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno.
La lluvia que amé,
La caricia del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
Redondo como una sandía.

La quinta cosas son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
No quiero dormir sin tus ojos,
No quiero ser sin que me mires,
Yo cambio la primavera
Por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero,
Es casi nada y casi todo…”

Sencillamente hermoso,…

6 comentarios:

POLIDORI dijo...

Un icono del ser humano que escribía con toda la grandeza de la humanidad.

"Es casi nada y casi todo"



John W.

mi nombre es Alma dijo...

He grabado varios de los poemas de Neruda y hoy te traigo uno que me gusta especialmente:
la reina

Saludos, una foto preciosa

Luis dijo...

Gracias por el regalo Alma, no recordaba ese poema y es en realidad magnífico, además es distinto escucharlo en tu voz por decirlo de alguna forma suena más dulce y alegre, en la voz letánica de Neruda todos sus versos sonaban algo melancólicos.

Ana dijo...

Una imagen acertada y tus 514 palabras. Una buena combinación para mi post de tarde en Las Grutas..

Pamela dijo...

Anduve muchos años peleada con Neruda, ahora lo he vuelto a querer y mucho

feernanda dijo...

me gustan tuus fotoos y tuu manera de escribiir :)
yo taammbieeen escriboo esperoo puedas pasaar a mi bloog y decirmee que tee pareceeee ;)