domingo, 12 de agosto de 2012

Tejuelas


Recuerdos de una época de materiales nobles, hechos a mano, únicos y no producidos en serie, de hogares construidos por sus propios dueños y no de casas prefabricadas disponibles al mejor postor.
Su uso se remonta a la más antigua tradición huilliche cuando estos cubrían sus rukas con trozos de corteza extraída de los alerces derribados por la acción de los vientos y el paso de los siglos. Quizás y de esta forma se conectaban con sus árboles tutelares y extendían de alguna forma las ya milenarias existencia de estos.
Con la llegada de los colonos europeos los trozos de corteza fueron reemplazados por tejuelas de perfectas formas, cada una distinta de la anterior y aunque el perfeccionamiento de las herramientas de corte llevo a que estas pudieran ser producidas en forma algo más masiva aún así deben ser clavadas una a una en su lugar definitivo.
Quizás todo lo anterior lleva a que los habitantes de Chiloé sientan una especial conexión con sus hogares, hechos con sus manos. Quizás eso también explica el origen de las “mingas”, tradición única en donde la comunidad traslada una casa arrastrándola con yuntas de bueyes desde sus cimientos desde un lugar a otro de la isla.
Para nosotros es más fácil, basta con mudarnos de un departamento a otro o proteger nuestros hogares con cubiertas prefabricadas, usualmente una casa no es muy distinta de otra.

1 comentario:

Jan Puerta dijo...

La frialdad de lo moderno ante la tradición y lo ancestral como forma de vida.
Hace años, se nacía en una casa y se moría en la misma. La vida transcurría entre pequeños logros que hacían de las dificultades metas a superar y alegrías que compartir.
Hoy solo la nostalgia parece que nos devuelve la ilusión.
Menos es nada que diría un viejo filosofo.

Un abrazo