lunes, 10 de octubre de 2011

El Culto a la Muerte

En las siguientes líneas quizás le podré explicar a mis amigos y no tanto, a quienes me leen habitualmente o en forma ocasional, algunas de las razones de mi actuar, a ratos acertado o a ratos errático, en ocasiones prudente y en otras irresponsable.
La razón es sencilla y simple, y es que sencilla y simplemente me estoy muriendo, así es tal cual lo leen, la muerte ya dicto una fecha de cierre, ya determino un día fatídico en el que dirá hasta aquí no más.
Algunos médicos me han dicho que con una adecuada alimentación, actividad física y un buen descanso podré postergar aquel día, pero la verdad creo que la muerte ya ha salido a mi encuentro al galope del caballo y poco de lo yo haga podrá retrasar su arribo.
Pero no crean que el asunto me perturba, de verdad casi no pienso en él. La dama fatal se ha convertido en una compañera tan cercana que se ha vuelto casi como mi sombra, tan presente que al final ni notas que allí está.
De seguro por lo mismo he decidido no rendirle culto y más aún he decidido negarle el mismo. Como primera medida no compraré una trozo de tierra en algún moderno parque cementerio ni mandaré a construir una imagen de mármol que instalar sobre un panteón, por el contrario me parece una buena opción la cremación, quiero que de mi quedé mi recuerdo y no un montón de huesos y tejidos descomponiéndose.
Las otras medidas tienes que ver más con mi cuerpo, el que me he dado cuenta que por más cuidados que le prodigue igualmente algún día terminará por traicionarme y es así que he decidido desatender un tanto a mi hígado y mi vesícula, y aunque me gusta la comida sana y nutritiva quiero que sepan que continuaré, si la ocasión lo amerita, disfrutando de una buena carne asada en compañía de mis familiares y amigos y seguiré bebiendo más de alguna copa de vino o cerveza; seguiré desatendiendo un tanto a mi sistema gástrico pues continuaré tomando café acompañado de un cigarrillo, que es lo que usualmente hago cuando escribo; no me preocuparé tanto por mis rodillas y espalda y continuaré subiendo montañas y caminando por horas para simplemente tomar una foto; seguiré sin atender del todo a mis pulmones y bronquios y continuaré caminando sin paraguas bajo la intensa lluvia del sur de Chile; seguiré siendo un tanto irresponsable con mi sistema nervioso y su necesario descanso, y cuando sea preciso continuaré bailando hasta el amanecer al ritmo del son cubano; desatenderé en ocasiones a mis sistema cardiovascular y habrán días en donde más allá de lo importante que puede ser el ejercicio optaré por estar todo el día recostado en un diván; no cuidaré del todo mi oídos y Bach, Aznar, The Beatles, por mencionar algunos, continuaran sonando desde mi IPod (o el aditamento tecnológico que lo reemplaze); no tendré precauciones con mis ojos y continuaré leyendo a Neruda y a Alberti hasta altas horas de la madrugada; y por sobre todo desatenderé por completo los cuidados y precauciones con mi corazón y volveré a amar intensamente aunque en el proceso se vuelva a romper en mil pedazos.

Así es mis amigos me estoy muriendo, todo comenzó el mismo día que nací. Así es mis amigos me estoy muriendo y por lo mismo no le daré culto a la muerte. Así es mis amigos me estoy muriendo… ¿o acaso ustedes no?

6 comentarios:

Belén dijo...

Joe, qué susto me has dado!!!

Y si, se nos olvida pero siempre estamos a merced de la diosa muerte

Besicos

Antonia Martínez dijo...

Qué sustillo... he ido leyendo en suspense pensando que te encontrabas mal o algo. El final me ha salvado... Pero diciéndolo así, en realidad, muchos de nosotros estamos ya medio muertos. Un beso.

Ana dijo...

Mientras te leía mi mente se me anticipaba y atropellada pensaba todas las maneras de consuelo, quería darte todas las recetas que han servido a otros para vivir más, me desesperaba no haberte conocido más si juntos hemos compartido viviencias y nos hemos acompañadpo desde hace varios años a través de nuestros blog. Quería mandarte mucha luz para esta etapa tuya, quería aliviarte de cualquier dolor que sospechaba tenías. Tus ganas de vivir a pesar de todo me convencían en mi atropello y cuando llegué al final de tu escrito me di cuenta que tu asunto con la muerte lo tenés magnificamente resuelto y si no es así al menos desde la escritura lo manifestás genialmente. Y que yo, desde mi ansiedad, mis ganas, mi necesidad imperiosa por decirte, por salvarte (como si dependiera de mi!) evidentemente no. Me sacas ventaja, Chico. Un abrazo enorme.

mi nombre es alma dijo...

Dicen que cuanta más vida tenemos más cerca estamos de la muerte. Puritas matemáticas.

Un abrazo de vuelta.

Jan Puerta dijo...

La vida es para darle sentido y no temer lo que nos pueda suceder. La prudencia no es sinónimo de alargar nuestra permanencia en este mundo. Decía mi Padre que el cementerio estaba lleno de gente que no fumaba, no bebía y ademas eran incapaces de sonreír. Así que vivamos lo que nos quede. Sea poco o mucho, lo disfrutaremos más.
Un abrazo
Por cierto, antes de que el desenlace nos asista, ¿que tal ese café que tenemos pendiente?

Luis dijo...

Por cierto Jan, es una deuda.