miércoles, 15 de junio de 2011

Rutinarias Sorpresas


De seguro hace algunos siglos no existía el concepto de la rutina, la mayoría de la población dedicada al campesinado vivía cada día exactamente igual que el anterior levantándose en las mañanas para cultivar la tierra, cuidar el ganado, juntar alimentos para el invierno e irse a dormir presos del cansancio. Y también fue de seguro con la mejora en las condiciones de vida, el establecimiento de jornadas laborales y días de descanso que surgió la rutina y por consiguiente el aburrimiento.
En la actualidad escapar de la rutina, como muchas otras cosas pareciera ser una cuestión de recursos. Cada día al cierre de la jornada laboral quienes pueden repletan bares y restaurantes para entre risas y conversaciones escapar del estrés del diario vivir y quienes no pueden emprenden su rutinario regreso a casa; los días viernes quienes pueden abandonan la ciudad rumbo a alguna playa en verano o centro invernal en invierno y quienes no pueden se encierran en sus hogares a ver como transcurren las horas de un rutinario fin de semana; cada día domingo quienes pueden deambulan por los centros comerciales dándose algún gusto de consumo u organizan alguna bullente comida familiar y quienes no pueden se dedican a mirar con desgano sus rutinarios programas de televisión.
Hace algún tiempo deambulaba por una de las rutinarias calles de Santiago en una igualmente rutinaria tarde de verano y sin saber cómo me encontré en dentro de un antiguo local de juegos mecánicos, de aquellos que otrora abundaban en las ferias itinerantes. Por tan solo quinientos pesos (ósea un dólar) me subí a la rueda de la fortuna, también conocida como rueda de Chicago, y durante unos diez minutos disfruté de una hermosa y distinta vista de Santiago y en especial de la Iglesia de los Sacramentinos ubicada a un costado. La experiencia, entre lúdica y nostálgica, me permitió abstraerme completamente de lo rutinario de aquel día y de lo rutinario de aquel lugar.
Definitivamente salir de la rutina no es cuestión de recursos sino que como dice la canción es solo una cuestión de actitud.

4 comentarios:

Jan Puerta dijo...

Un amigo siempre me decía, mal iremos si nos quejamos y nada hacemos.
La actitud siempre marca nuestro destino, aunque a veces quienes están mas cerca no la comprenden.
Que gran reflexión convertida en parábola nos muestras Luis.
Un abrazo

Patricia González Palacios dijo...

Cuando te leo pienso que eres un buen periodista o tal vez un sociólogo, de cualquier forma me entretiene tus relatos. Efectivamente el romper la rutina no se necesita $, tan sólo hacerlo, que tengas un entretenido fin de semana, para que rompas la rutina laboral, un beso.

Belén dijo...

Comparto tu opinión, cada día hay que hacerlo distinto con algo, lo que sea :)

Besicos

orillas de la cuentera dijo...

hola Luis, es un gusto volver a leerte, quizás la rutina no me permite volver seguido,; pero en realidad me pregunto quién inventó el concepto y la acción de sentirla rutina?
seguramente aquellos espacios amplios y sus labores con que inicias la reflexión de este posteo a los ojos de nuestra realidad nos parecería que sus rutinas eran más pesadas por que no tenían el consumo cerca, ni el entretenimiento voraz;pero no corrían detrás del espanto del domingo aburrido...era un día de paz de creación con el paisaje a sus ojos, de artesanías y lo que es más valioso de charla compartida
creo que los emporios económicos crearon la palabra, nos la metieron en la cabeza, nos publicitan todo contra ella, y el que anda a la imtemperie de companía ánimo y dimnero la sufre doble, ya está integrada a la mirada
esa vuelta al mundo como la llamamos acá, que encontraste y te dio un momento nuevo, es como aprender a volver a mirar los costados del camino, así sea un árbol con un hueco a investigar, o los ojos de quienes nos cruzamos para al menos cruzar una palabra desconocida pero con resencia humana
cariños, me gusta leerte, por que me disparas mil motivos...y necesidades a cumplir...
gracias por pasar por orillas