domingo, 20 de febrero de 2011

El Tendedero


Una de las cosas que más me llamaba la atención en mi niñez de Valparaíso era sus tendederos, esas cuerdas tiradas de una ventana a otra sobre las que se ponen a secar toallas de todos colores, poleras, pantalones e incluso ropa interior, quizás porque siempre viví en casas con patio y era en este donde se tendía la ropa lejos de la mirada curiosa y algunos caso indiscreta de los vecinos.
Pero los tendederos más que una solución práctica a la falta de espacios interiores tienen mucho que ver con los procesos sociales vividos tanto en Valparaíso como en muchas otras urbes desde la revolución industrial a la fecha.
Fueron los campesinos trasplantados a la ciudad y los centenares de inmigrantes en su mayoría europeos llegados a lo que a finales del siglo XIX era la urbe más pujante del Pacífico sur los que en pro de sus sueños debieron sacrificar espacio e intimidad viviendo hacinados en antiguos edificios que fueron conocidos como cités (derivado del término francés para citadino).
Los que alcanzaban a cumplir sus sueños de prosperidad eran rápidamente reemplazados en los cités por nuevas oleadas de inmigrantes nacionales y extranjeros. Mi padre fue uno de ellos, llegado a Valparaíso tras huir del duro trabajo en las minas de carbón del sur de Chile.
Que paradojal es que él durante años haya tenido que colgar sus calzoncillos a vista y paciencia de sus vecinos para que años más tarde yo y mi madre pudiéramos mantenerlos lejos de miradas ajenas en el patio de la casa que compró.

3 comentarios:

Belén dijo...

Hace años fue por primera vez a Lisboa... me llamó la atención las cuerdas tendidas llenas de ropa. Se puede conocer tanto de tantas personas por la ropa que cuelgan...

Besicos

Antonia Martínez dijo...

Y que no se te caiga la ropa interior al piso de abajo, o a patios de luces comunitarios. Por suerte, no es mi caso, y que vivo en una vivienda unifamiliar aislada, pero sí, es verdad eso que dices. Nuestra sociedad rechaza toda muestra de intimidad a desconocidos, y la ropa, más la interior que la exterior, forma parte de eso.

Un abrazo.

mi nombre es alma dijo...

Como dice Belén, los tendederos nos dan una imagen muy clara de quien vive detrás de esas ventanas y balcones.