jueves, 25 de noviembre de 2010

El Llamado del Roble

Cada cultura antigua ha visto en los grandes montes la representación de sus divinidades mitológicas y a sus presencias tutelares. Ese influjo ha permanecido constante hasta nuestros días modernos, lo siento cada mañana cuando veo salir el sol entre los picos del cerro El Roble retratado en la fotografía, cuando veo su silueta y la del cordón cordillerano que lo rodea perfectamente iluminado por la luz del medio día y por sobre todo cuando lo veo pintarse de rojo, fucsia y azul cada atardecer.
¿Qué sentido tiene escalar una montaña? No se pasará a la inmortalidad por ello porque en la actualidad prácticamente todas las cumbres ya han sido subidas, la experiencia además de cansadora puede resultar en algunos casos bastante peligrosa, además en una suerte de paradoja después de caminar por horas hasta alcanzar la cima no queda otra alternativa que caminar otras tantas horas para regresar. ¿Por qué entonces muchos, entre los que me incluyó, consideran la ascensión de un monte una de la experiencias más fascinante que se pueda tener en la vida?
Quienes hemos estado en la cumbre de una montaña sabemos que contemplar el mundo desde las alturas es una sensación única e indescriptible, pero no se trata tan solo de llegar a la cima lo realmente interesante es el proceso, el cómo se aclara nuestra mente después de algunos minutos de caminata, el recurrir a nuestras reservas anímicas más que físicas para seguir ascendiendo cuando el cansancio arrecia y en ese sentido el desarrollo de nuestra perseverancia para finalizar una tarea que por cierto nadie nos obliga. Sin embargo creo que la mayor lección de vida que se puede tener en una escalada es que en más de una ocasión debido a alguna lesión o un cambio climático y luego de haber caminado por horas y a veces faltando tan solo un corto trecho para llegar a lo más alto es necesario rendirse e iniciar el descenso. Créanme que es bastante difícil encontrarse a no más de cien metros de la cima y tener que aceptar que es imposible o poco prudente seguir avanzando, pero esas decisiones son las que evitan accidentes y salvan vidas (más del 90% de las desgracias ocurridas en la montaña son por imprudencias). Para mí esa esas son las principales lecciones del montañismo entender que no siempre se puede llegar al objetivo pero que lo importante es intentarlo y que lo realmente trascendental es el proceso y no el fin de este.
Este fin de semana espero alcanzar la cumbre de El Roble, pero si no es posible igual valdrá la pena el esfuerzo.

11 comentarios:

Anouna dijo...

La fotografía es preciosa!! E intento imaginar los colores que nos describes de mediodía y al atardecer, a ver si nos deleitas en otra oportunidad con la misma montaña pero en esos otros horarios y colores, puede ser?

Ser parte no sólo de su belleza a la distancia, sino que también en presencia in situ, para descubrir sus perspectivas, es lo que hace fascinante una escalada; la prudencia siempre es vital en cualquier ocasión, sobre todo al enfrentar la naturaleza que de por sí tiene su energía propia y sus reglas.

Mucha suerte, y que disfrutes cada metro de ascenso y...por supuesto descenso. Llegar a la cima es la meta, pero llegar sano y salvo, es meta mejor, de regreso al hogar!

Besos, Anouna

Antonia Martínez dijo...

Es difícil, a veces, disfrutar del camino más que de la meta. Se me ocurre una frase, no recuerdo quién la dijo, pero era algo así como que a menudo se disfruta más de lo que se sueña que de lo que se consigue. Es cierto, aunque en nuestro sueño anhelamos algo que deseamos obtener, lo que más merece la pena y donde más se pone el esfuerzo es en conseguirlo.

Un beso.

Pamela dijo...

Como la vida misma esto de subir la montaña. Qué bien que lo has descrito Luis. Yo sólo me he animado con La Campana.

Te estaré "mirando" desde mi ventana. Suerte y alegría en tu ascenso

Belén dijo...

Olé!

Yo es que la montaña la descubrí tarde, cuando ya era mayor.. y la vivo como algo natural, como cuando me encuentro con mi yo más profundo...

Besicos y que usted lo escale (y fotografíe) bien

Alimontero dijo...

Querido Luis, me disculpas? leo en tu entrada parte de un proceso personal que he ido haciendo luego del terremoto, loque ya leíste anteriormente... y leyéndote ahora puede darme cuenta que muchas personas HOY hemos estado "subiendo montañas"....y lo que hemos descubierto en ese proceso, nos muestra un ANTES y UN DESPUES!!

Te abrazo con todo mi cariño y respeto Luis...;-)

Gracias!

Ali

Alimontero dijo...

ah.. sorry, la imagen preciosa...nuestro universo interno...que lindo se ve! ;-)

Ali

SUSANA dijo...

Tu relato es estupendo y claramente puede admirarse desde muchos ángulos distintos. El desafío personal, el resto anímico para seguir, contra el cansancio y detenerte, cuando manda la prudencia, es siempre y toda vez, sabiduría de vida.

Se aplica en el deporte y por supuesto, en el cotidiano.

Muchas Gracias por tu artículo! Un abrazo Luis!

Robërtier dijo...

Oh Luis!
Estar en la cima de cualquier montaña es una conquista.
Mirar el horizonte es cruzar fronteras sin pasaportes.
Hermosa foto!!!!

Alís dijo...

Cada vez conozco a más personas que practican y elogian las virtudes de la escalada, aunque confieso que el esfuerzo físico que conlleva no me atrae en absoluto. Sin embargo, sí tengo muy incorporado a mi modo de ver la vida que lo importante es intentarlo, que lo trascendente es el proceso y que a veces hay que asumir que es más prudente retirarse que insistir. Quizá tenga espíritu de escaladora, quizá si hubiese visto desde niña la cordillera ahora sería una practicante más.
Por cierto, me encanta la cordillera al atardecer

Besos

Ligia dijo...

Un profesor mío cuando era niña nos aconsejaba aquello de "try, try and tray again", y es algo que se me ha quedado grabado. Hay que seguir intentándolo... siempre. Mucha suerte en tu esfuerzo con El Roble. Abrazos

MaLena Ezcurra dijo...

El resplandor de la maravilla, eso siento ante tu relato, si asocio libremente puedo decir que me lleva a un antiguo relato zen, donde lo importante no es llegar, lo importante es el intento.

La imagen es maravillosa, la luz que la roza la hace única.


Espero que hayas podido sentir los murmullos de El Roble.



Te abrazo querido amigo.


M.