sábado, 10 de diciembre de 2011

Ocaso Pampino


“Las fichas de las salitreras han sido reemplazadas por las tarjetas de crédito de las casas comerciales”
Jorge Coulón – Inti Illimani

Los atardeceres en medio de la pampa de Atacama son por decir lo menos subyugantes, un espectáculo de colores y formas único, algo parecido ocurre con el amanecer, pero a la hora del mediodía cuando está, en palabras de Violeta Parra, “arriba quemando el sol” es inevitable caer en cuenta que uno se encuentra en el corazón del lugar más árido del mundo.
Es en estas duras condiciones de vida o de muerte que durante la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló la industria del salitre, principal sostén económico del país en su momento. Pero como si soportar temperaturas extremas y rasguñar a diario la roca fuese poco las condiciones laborales al interior de las oficinas salitreras convertían la situación en un infierno perfecto.
Fue en el año 1907 que cerca de quince mil mineros de los cantones de Tarapacá decidieron abandonar sus puestos de trabajo y marchar junto a sus familias a Iquique, la capital provincial, para intentar que sus demandas fueran escuchadas. Demandas simples y, mirada con nuestra óptica, casi elementales; tan solo querían que su trabajo fuera cancelado con dinero y no con las fichas canjeables solo en las pulperías propiedad de los mismos dueños de las salitreras, tan solo querían poder disponer de balanzas para cotejar que lo que en estas mismas pulperías se les vendía tuviera el peso justo, tan solo querían la libertad de comercio para no tener que estar obligados a comprar sus víveres solo en los usureros puestos propiedad del patrón.
El 21 de diciembre de 1907 los mineros en huelga y sus familias se encontraban desde hacía ya varios días ocupando el interior de la escuela Domingo Santa María de la ciudad de Iquique. Fue ese día que el general Roberto Silva Renard, uno de los nombres más vergonzosos en nuestra historia, ordenó a sus tropas abrir fuego de metralla contra los indefensos huelguistas para después ingresar al recinto y sala por sala acribillar a hombres, mujeres y niños.
El gobierno parlamentario cómplice en estos hechos, el que ya había derrocado a un presidente buscando favorecer los intereses de los dueños de las salitreras, se negó a emitir certificados de defunción y señaló que oficialmente en la refriega habían muerto 190 trabajadores, décadas después cuando fueron exhumados los restos de la fosa común en la que fueron arrojados se entendió que el número de asesinados fue cercano a las 3.000 personas.
Las reformas laborales en el mundo del salitre tan solo llegaron hacia mediados del siglo XX, casi al mismo tiempo que la invención de los nitratos artificiales acabó con la rentabilidad del negocio y las oficinas paulatinamente se fueron convirtiendo en pueblos fantasmas en medio de la pampa.

Pero de seguro esto nos parece extemporáneo, propio de una época menos civilizada, pero acaso las fichas del salitre no han sido reemplazadas por las tarjetas de crédito en las casas comerciales, acaso las pulperías no han tomado la forma de los “comercios adheridos”, acaso las balanzas alteradas no han sido reemplazadas por el “compre ahora y comience a pagar en seis meses más”, acaso las usureras libretas de crédito no han sido reemplazadas por los poco transparentes contratos y repactaciones unilaterales hechas por los gigantes del retail.
Supongo que en cien años más, cuando la esclavitud económica haya evolucionado en una forma más sutil, mis tataranietos visitaran los vacíos edificios de la ciudad empresarial en Santiago a esas alturas abandonados por su alto consumo energético y se preguntaran como nosotros pudimos soportar estos abusos.

6 comentarios:

Belén dijo...

La verdad es que siempre que pienso en lo que hemos aguantado, me sorprende ver que lo vamos a perder, al menos en el primer mundo...

Besicos

Rembrandt dijo...

Todo se ha vuelto más sutil , pero en definitiva no hay muchas diferencias con lo de hace cien años atrás. Lo que ocurre en Europa no es más que la consecuencia lógica de tanto abuso, de una manera u otra el pueblo se hace sentir.

Besos desde el otro lado.
REM

mi nombre es alma dijo...

Y es que a veces la hermosura de los atardeceres esconde la aridez del dia, de la vida.

Rembrandt dijo...

Mi estimado Luis,
dejo en este Día tan especial deseos de Paz y amor para tu vida.
FELIZ NAVIDAD!!!!

REM

Patricia González Palacios dijo...

Hace mucho que no pasaba por aquí, el tiempo es escaso, tu lo sabes, aprovecho de dejarte un abrazo y los mejores deseos para ti en este 2012, mucha suerte, éxito y amor. Un beso

Manuel dijo...

Yo he trabajado harto tiempo en terreno, y una vez me encontré cerca de Humberstone una ficha de cartón que dice "vale por ocho latas de agua", me impactó tanto que hasta el elemento mas básico que se le debiera dar a un trabajador, el agua, se les cambiaba por fichas.
Paradojalmente yo trabajaba buscando agua en la pampa y desde entonces guardo la ficha en mi billetera como mudo testimonio para no dejarme encandilar por los espejismo de los cajeros automáticos.

En realidad no se si algo hemos evolucionado desde esa época. Las fichas de cartón ahora se han transformado en plásticos, y los abusos, a veces, son mas sutiles, pero no por eso menos brutales.