jueves, 25 de marzo de 2010

Hojas Interiores

El individuo de la fotografía es un noble Nogal Negro, aunque de negro bastante poco. Durante los mese de primavera sus hojas se pintan de un rojo intenso, hacia el verano adquieren su perfecto verdor y ya en el otoño adquieren un delicado dorado opaco justo antes de que el viento las arrastre dejando el oscuro tronco desnudo durante el invierno.
Esta cambiante condición estacional es una constante en todos los seres vivos, no siempre en la forma del color de hojas o cambios de pelaje, pero sí al menos en cuento a comportamiento. Es un hecho comprobado que los distintos niveles de luminosidad y temperatura, en especial en los extremos australes y boreales, afectan el comportamiento de todo organismo viviente y los seres humanos no somos la excepción.
No sé si en mi vida anterior habré sido alguna clase de osezno pero el invierno me sumerge en un potente letargo, las sabanas me resultan mucho más seductoras que de costumbre y sólo deseo estar convenientemente abrigado al interior del calor de mi hogar, todo lo anterior no es en ningún caso malo pues es la época donde me doy más tiempo de leer, revisar ciertos clásicos del cine en dvd y escuchar muchísima buena música, en cierta medida los meses invernales me refinan intelectualmente hablando. Sin embargo la llegada de la primavera me despierta una verdadera sed de contacto con la naturaleza, de aprovechar el día al máximo, vuelvo a recordar con más fuerza que nunca que mi pasión es la fotografía. Este estado llega a su pick en el verano donde prácticamente me sacio de amaneceres y atardeceres.
Pero el otoño acaba de llegar, no solo porque lo diga el calendario, pude comprobarlo hace algunos días cuando visite el parque donde se encuentra el nogal de la fotografía y me entretuve caminando entre las hojas secas desperdigadas por todos lados, escuchando el crujiente crush que producen cuando se resquebrajan debajo de mis pies.
El otoño me resulta un tiempo para bajar las revoluciones aceleradas por las actividades veraniegas, la ocasión de nuevamente empezar a meditar, a leer, a descansar. Hay días soleados donde se puede disfrutar de una caminata al aire libre pero sin esa premura del verano y sin que las playas estén llenas de equipos publicitarios regalando cremas, protectores solares y suscripciones a compañías telefónicas. Pero también hay días fríos donde se redescubre lo sabroso que es quedarse en casa bien abrigado no solo por ropa más gruesa sino también por el calor de quienes uno ama.

10 comentarios:

POLIDORI dijo...

De niño, donde veraneaba, pasaba muchos ratos jugando bajo, y muchas veces sobre, un nogal enorme, aunque no se si de la misma clase.

Que recuerdos de aquella época en la que de vez en cuando creía que tenía problemas.

Un abrazo.




John W.

Ana dijo...

Acoplarnos a los ritmos de la naturaleza pareciera ser el gran secreto, la gran revelación. Coincido con vos que es la manera sencilla, sabia y amorosa de vivir.

Mi luz de otoño para vos.

Lala dijo...

A mi el otoño me renueva, ya ves.
El invierno me tranquiliza.
La primavera me altera, y no veas cómo!
Y el verano me deja inútil, no puedo con el calor.
Claro, el ambiente nos influye en el ánimo. Si te gusta el ambiente, te sientes mejor.
Y me encantan los árboles antes de la caída de la hoja. Esos colores...

Espero que disfrutes del otoño.
Yo ya ando peleando con esta primavera recién estrenada, grrr...


Un beso


Lala

Patricia González Palacios dijo...

Hay mi querido amigo, me interpretas totalmente, así es este es tiempo para navegar hacia adentro, calmar el alma y aún después de tanto alboroto, cierto!. Me encanta caminar sobre las hojas, cuando no salgo lo hago en mi patio, mis árboles me llenan de otoño mis pocos metros, besitos

zayi dijo...

Yo soy más bicho de mar...debe ser porque me críe en el el Caribe...a mi el invierno me deprime... no es que me siento aletargada...es que me deprime!. Ahora vivo en un lugar con cuatro estaciones y dos realmente muy marcadas...eso me está costando para el proceso de adaptación...
Extraño el verano del Caribe, sus aguas, su arena...extraño las pieles mulatas tostandose al sol...
Uy! como me voy de aquí!
Un besito.

Manel Aljama dijo...

Un precioso texto intimista del que comparto todo, pues me identifico plenamente con lo que dices. En mi caso, más que el verano, lo que me gusta es la luz del Mediterráneo. Dicen que es especial. Algo tendrá puesto que los de Finlandia y Suecia les gusta venir por aquí. Decía que me gusta la luz pero no el calor excesivo pues me impide pensar, me atonta y me empobrece intelectualmente.
La fotografía que ilustra el texto está a la altura.
Es curioso que este árbol se pinte de rojo en primavera cuando todo se tiñe de verde y en verano se quede dorado, cuando todo es ocre y ocre-rojizo.

Ursula dijo...

Luis...

ya con el título... lo decís todo!!!
"Hojas interiores"
pero que bien expresado el color ocre de esa tibieza del otoño...
gracias amigo querido, que tengas un buen fin de semana!!!

hermosos días!!!

beso!!!

Francisco Machuca dijo...

Me he dado una vuelta por tu casa y me ha gustado muchísimo tu blog;tanto en la composición de las imágenes como la prosa lírica y poética.

Un cordial saludo.

Belén dijo...

Yo creo que es la luz lo que nos despierta de la primavera o lo que nos duerme del invierno... a parte de ser un poco animales de dormir ;)

Besicos

mi nombre es alma dijo...

Hace tiempo en uno de mis pensamientos de verano de mi anterior blog, y leyendo el poema LAS ESTACIONES DEL ALMA de Zacarias Palacios, dije:
"Y mi Alma , a veces, es radiante primavera
otras, excitante verano
algunas, calmo otoño
y en ocasiones silencioso y agradecido invierno

cada estación tiene su tiempo
cada alma sus momentos"

Un abrazo, que espléndido color el del nogal