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viernes, 28 de agosto de 2015

Sicuris


Los sicuris son cofradías musicales y danzantes propias del altiplano andino y en especial de la región del Lago Titicaca. A diferencia de las animados bailes chinos y diabladas carnavalescas, acá la música y la danza son más próximos a una sentida letanía donde todo el colorido es aportado por la indumentario de sus participantes. 
Los hombres llevan un tocado de un fuerte tono fucsia adornado con plumas multicolores y del cual desciende un también multicolor velo que cubre el rostro; pero quizás lo que más me llamo la atención es que todos estos músicos danzantes llevaban un espejo en medio del plumaje. 
Preguntando sobre el asunto recibí varias respuestas pero la que me pareció más creíble y lógica es que en alguna época los espejos eran considerados objetos de alto valor y belleza. 
Todos hemos escuchado o leído historia de como los conquistadores europeos engatusaron a por doquier a los nativos americanos cambiando espejos y otras baratijas por el oro, plata y piedras preciosas de los indios. 
En defensa de los aparentemente ingenuos nativos hay que decir que de seguro en aquellos años un espejo resultaba ser un elemento de sobra más atractivo y sorprendente que el oro al que estaban acostumbrados ver; y también ese actuar nos es muy distinto al de nosotros, sus criollos y mestizos descendientes. 
Los nuevos conquistadores no nos ofrecen espejos ni vienen en nombre del rey de España o Portugal; los nuevos conquistadores rinden cuentas a sus gerencias corporativas en Seúl o Silicon Valley. 

"Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco" (Eduardo Galeano)

sábado, 24 de enero de 2015

Mayantú

Mayantú suele ser confundido con un reptil por su cuerpo verde aunque posee rostro de hombre. A pesar de su pequeño tamaño derrotó a la gigantesca anaconda que gobernaba la selva, luego ayudó a derribar la enorme lupuna de cuyas raíces brotó el agua que al inundar el surco dejado en la tierra por la huida de la serpiente dio origen al río Amazonas. 
Por siglos vivió junto a los yaguas enseñándoles a sacar de las cortezas la pintura roja con la que cubrir la piel y así ahuyentar los mosquitos; a hervir las lianas para preparar la cura contra las mordidas de serpientes; y a extraer de las hierbas el veneno en el que untan la punta de sus dardos que disparados hábilmente con sus cerbatanas les proveen del sustento diario. 
Pero un día llegaron hombres que casan lo que no comen, que talan lo que no ocupan y que ensucian lo que no limpian. Desde hace quinientos años que Mayantú se esconde en el interior de la selva y sólo de tanto en tanto conversa con los ancianos yaguas.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Cardonal (Republicación del 30/09/09)

En una época de compras por internet y pedidos a domicilio, en la que las plazas y parques del siglo XXI son los gigantescos centros comerciales con aire climatizado, música ambiental y estacionamiento de varios niveles, los pequeños almacenes de barrio, las carnicerías, modestas verdulerías y panaderías parecen condenados a la extinción. En este contexto me llama felizmente la atención que una institución permanezca casi inalterable desde la antigüedad clásica, pasando por el Medievo, el renacimiento y los tiempos modernos, hasta nuestros días. Se trata de los Mercados, aquellos lugares de venta de toda clase de productos, especialmente alimentos, presentes prácticamente en cada ciudad del orbe y sin señas de decadencia o verse afectados por la modernidad. 
¿Cuál es la esencia de los mercados que les permite resistir el paso del tiempo? ¿Por qué siguen siendo un lugar tan fascinante y preferido para realizar las compras periódicas? Definitivamente no es sólo por un aspecto económico ya que no necesariamente sus precios son los más módicos, tampoco es exclusivamente por su contexto folklórico y típico porque mal que mal más grandes o más pequeños todos son prácticamente similares. 
Como visitante esporádico del “Cardonal”, el más emblemático mercado de abastos de Valparaíso, me atrevo a conjeturar que su vigencia se debe a que comprar en ellos es una experiencia que definitivamente ocupa y consume los cinco sentidos. 
Primero nuestros ojos se encandilan con los colores de los puestos de frutas y verduras; rojos, amarillos y verdes tan intensos que ya bien Sorolla o Renoir se los hubieran querido tener en sus pinturas. Luego nuestros oídos acostumbrados a la insípida música ambiental de los Shoping Center parecieran saturarse con los gritos de los feriantes ofertando a viva voz y de forma cada vez más original sus productos acompañados del incesante rumor de voces, cientos de voces comunicándose, tranzando, conociéndose. 
Quien se da un verdadero banquete es nuestra nariz y es que la verdadera prueba para conocer las cualidades de nuestro olfato no está en distinguir el bouquet de uno u otro vino, o diferenciar entre tal o cual perfume. Podemos preciarnos de tener un agudo olfato si ante un puesto de especias y esencias somos capaces de distinguir entre los intensos aromas de la pimienta negra, la nuez moscada, el azafrán, la vainilla, la canela y cuanto condimento exista. 
El gusto no se queda atrás porque para comprar un buen queso, fresco o maduro, un puñado de exquisitas aceitunas o un corte de jamón es necesario degustarlos y en un mercado se encuentran algunos de las mejores delicatesen junto a estupendo restaurantes o cocinerías de corte tradicional. 
Finalmente el tacto pasa a ser indispensable para hacer una buena compra y es que solo tanteando se puede elegir la mejor sandía o se puede saber si ciertos tomates están aptos para una deliciosa ensalada acompañada de cebollas o para preparar una sabrosa salsa boloñesa. 
No sé donde realicen sus compras habitualmente pero si no lo han hecho les recomiendo visitar el mercado que les sea más próximo. En cuanto a mí debo dejarlos porque esta escritura me ha despertado el apetito.

lunes, 24 de junio de 2013

Kotsuña

Fue en tiempos inmemoriales que los Uros llegaron a las tierras altas de América. Allí vieron como el altiplano se teñía de rojo luego de la caída de Tiwanaku. Allí el desprecio xenofóbico de los aymaras, el mismo que estos tiempo después sentirían de mano de quechuas y españoles, obligó a algunos a perderse en las profundidades del salar de Coipasa y a otros a adentrarse en la inmensidad del lago sagrado. 
Hace más de quinientos años que dejaron atrás tierra firme y desde entonces se han dedicado a tejer las capas de sus islas de totora. Flotando sobre el Titicaca han visto pasar por sus costas a incas, luego españoles, a conquistadores y misioneros, a ejércitos revolucionarios y movimientos independentistas, a vencedores y derrotados. 
Aunque han sido súbditos incas, colonia española o ciudadanos del Perú, nada de eso les ha importado ya que desde siempre han sido Kotsuña: la gente del lago.

jueves, 6 de junio de 2013

Caballo de Totora

Durante milenios los antepasados de Daniel han navegado el Lago Sagrado en sus caballos de totora. Así también lo hizo su abuelo, el que le enseñó a construir su propio navío, y su padre, el que le mostró los secretos de las corrientes del gigante azul. 
Ha visto y conoce bien esos rápidos botes rígidos con motor fuera de borda y esos enormes catamaranes, pero Daniel prefiere su embarcación milenaria porque más allá de la velocidad o la comodidad lo que realmente le importa es vivir en armonía con los espíritus que habitan las aguas del Titicaca

miércoles, 20 de marzo de 2013

Hijos del Baker

Existen lugares perdidos entre fiordos y ventisqueros australes en donde aún los caballos son más preciados que los automóviles, en donde las hortalizas se cultivan en la huerta y no se consiguen en un supermercado, en donde pescados y mariscos alcanzan tamaños descomunales por estar libres de la sobre explotación, en donde las casas nos las levanta una constructora, en donde los animales y cargas pesadas se trasladan en balsas hechas de troncos, en donde cada cual prepara su propio pan, en donde no haces planes porque todo dependerá de cómo amanezca el clima el siguiente día, en donde se trabaja duro en verano para guardar para el largo invierno, en donde un partido de futbol o un cumpleaños puede paralizar a todo un pueblo, en donde colibríes y cucaos no se esconden del paso del hombre, en donde cada cual conoce el nombre de su vecino, en donde hombre y naturaleza viven en paz, en donde hombres y hombres viven en paz, ese es el mundo que conocí en la desembocadura del Baker.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Carnaval

Los orígenes de cada Carnaval se pierden en el tiempo, pero cada uno de ellos tiene su origen en una muestra de rebelión ante la religión impuesta por la clase conquistadora gobernante. Primero entre los paganos latinos al interior del imperio romano, luego entre germanos y celtas, y finalmente entre los indios americanos. 
Supongo que tanto a los esclavos africanos llevados por los portugueses al Brasil como a los indios andinos sometidos por los españoles les costaba entender los penitentes y prolongados ritos propios de la cuaresma, entonces tres días antes de esta adoptaron como propio el carnaval como una última instancia de celebración antes de un prolongado periodo de ayuno, abstinencia sexual y penitencias. 
El Carnaval fue entonces un grito de rebeldía frente al credo impuesto, una declaración de no estar dispuestos a renunciar a los ritos de los antepasados, una manifestación del libre pensamiento demostrado en el libre actuar. 
Entonces en una sociedad abiertamente secularizada en donde las penitencias pascuales se limitan a cerrar el comercio el día viernes santo el carnaval pareciera perder razón de ser hasta convertirse tan solo en una fiesta de excesos. Pero por el contrario hoy más que nunca hay imposiciones contra las cuales rebelarse, y por lo mismo nuestros carnavales son una muestra de que en una sociedad globalizada no estamos dispuesto a perder nuestra identidad; una fiesta en la que no existe discriminación por creencia, orientación sexual, origen étnico o grupo socioeconómico; una demostración de que en una sociedad cada vez más gris la alegría y el colorido sigue presente en nuestras vidas.

jueves, 11 de octubre de 2012

Doña Eduarda


-Hola, le puedo tomar una foto?
     -Si compra algo puede tomar las fotos que quiera, si no deje una propina

-Como se llama?
     -Eduarda

-Y vive sola acá?
     -Como se le ocurre que voy a vivir sola en estas lejanías, el resto de la familia anda cuidando los animales

-Y como le va con sus tejidos?
     -Siempre viene anda harto gringo por estos lados que compra algún recuerdo

-Como lo hace cuando tiene que ir al médico, o hacer un trámite?
     -A alguien le pido que me tire hasta San Pedro

-Es muy duro vivir en Machuca?
     -Hay que aguantarse los fríos en la mañana nada más

-Y vive con su esposo o con sus hijos?
     -Ya no pregunte tanto, ya ha tomado demasiadas fotos por la propina que dejó.

-Ok, buenas tardes que le vaya bien

Ni que modelos, ni que artistas, los comuneros del altiplano si que saben cuánto cuesta su imagen.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Misiones Mestizas

Pretender que nuestras sociedades del “nuevo mundo” evolucionen como una copia fiel de lo que vemos más al norte es tan errado como pretender imponer el discurso americanista extremo. 
Nunca poseeremos el pragmatismo inglés, la metódica alemana o el orden suizo, pero tampoco podemos volver atrás pues ya ni siquiera nuestros pueblos indígenas son los mismos que eran hace cuatrocientos años. La historia ya se escribió y querámoslo o no somos hijos mestizos de distintas culturas. 
Basta conversar con cualquier parroquiano de alguna iglesia en la isla de Chiloé para darse cuenta que el catolicismo en el que creen es muy distinto al que originalmente les fue traído por las misiones jesuitas. Al igual como ocurrió en la selva misionera, en el altiplano, o en el curso del Marañón, el credo evolucionó, se alimento de las leyendas aimaras, guaranies o hulliches y tomó una forma única, ya no europea ni indígena sino netamente latinoamericana. 
A diferencia de lo que ocurrió en las metrópolis, misioneros jesuitas y franciscanos aceptaron y alentaron este sincretismo, quizás porque sus votos de pobreza los hacían estar más interesados en crear sociedades que en adoctrinar masas de ofrendantes. 
El mestizaje de piel y credos trascendió a la gastronomía, a las tradiciones, y al diario vivir. 

 “Constituimos una sola raza mestiza que desde México hasta el estrecho de Magallanes presenta notables similitudes etnográficas” (Ernesto “Che” Guevara) 

 En definitiva todos somos hijos de Cristo y la Pachamama, algunos son más cercanos al padre y otros somos más cercanos a nuestra madre.

jueves, 30 de agosto de 2012

Avivando la Cueca

Hasta la década del ’50 nuestro folklore era invitado estelar en toda suerte de celebración, ya fuera en las bohemias cantinas porteñas, las quintas de recreo capitalinas o las reuniones familiares en la zona campesina. Luego durante los sesenta y hasta comienzos de la década del ’70 algunos de nuestros más célebres cantantes y poetas se dieron a la tarea de rescatar el folklore más profundo, ese que hablaba de las penurias del campesinado o de lo sacrificada que era la vida de la clase obrera y así en algún momento el folklore pareciera volverse universal, solo las claves rítmicas variaban, Violeta Parra, Victor Jara, Mercedes Soza y Bob Dylan parecieran cantar lo mismo. 
El golpe de estado acabó con ello, el régimen militar vio al folklore genuino, así como a toda forma de expresión popular, como una amenaza y decidió imponer sus términos. Nuestros cantores fueron perseguidos, asesinados, exiliados u obligados a sumergirse en la clandestinidad. La canción campesina y obrera fue reemplazada por los cantos del patrón del fundo y el dueño de la fábrica. La cueca que comenzó a escucharse en la radio y en la televisión solo hablaba de historias de amor, los blanco de la cordillera o el destino de un caballo viejo. Entonces, como era de esperar, el pueblo le dio la espalda y en sus celebraciones la reemplazó por los ritmos tropicales y por sobre todo por su majestad la cumbia, y así ocurriría por las siguientes dos décadas. 

En septiembre de 1995 la cadena televisiva MTV invita a la entonces emergente banda nacional “Los Tres” a grabar un álbum Unplugged en Miami. Era la oportunidad para que Álvaro Henríquez y compañía internacionalizaran su carrera haciendo algún cover anglo, pero en lugar de ello se pusieron a cantar cuecas, pero no cualquiera sino cecas choras, aquellas compuestas por los hermanos Parra en la época que se ganaban la vida amenizando clubes nocturnos y prostíbulos, cuecas llenas de picardía, cuecas colmadas de las historias de pescadores, marineros y cargadores de la vega. 
Nuevamente han pasado casi veinte años y no hay concierto de Los Tres donde no se toquen unas cuantas cuecas, pero estas también están presentes en las fiestas juveniles, en las reuniones familiares, los pub más exclusivos y elegantes tienen días especialmente destinados a ella de la misma forma que las más humildes cantinas. Al igual que hace medio siglo atrás el folklore se escucha de enero a diciembre y no solo para las fiestas patrias en septiembre. 
Sin lugar a dudas ese ha sido y será el gran legado de Los Tres: Avivar la Cueca.

sábado, 21 de abril de 2012

Guardas del Camino


Dicen que el desierto es lugar de fantasmas y espíritus. La sangre derramada prematura y violentamente en las arenas esclaviza el alma de los difuntos obligándola a permanecer en el lugar hasta que se cumpla el tiempo en el que estaba sentenciada su muerte por causas naturales. 
Por las noches las ánimas se congregan y hacen sus festejos en los también fantasmales salones de las oficinas salitreras abandonadas hace décadas para regresar durante el día, en espera de recibir ofrendas de aquellos por quienes han intercedido en el mundo espiritual, a los cenotafios que algún lejano día construyeron sus deudos. 
Aquellos que gozan de un buen nivel de influencias en las esferas celestiales mantienen sus capillas repletas de velas, flores, banderas, placas de automóviles, cigarrillos y botellas de licor. En tanto los que no han sabido hacerse de contactos entre santos y ángeles deben conformarse con añosas flores de papel cubiertas por el polvo y desgastadas por el viento. 

 En pleno desierto de Atacama, en los casi veinte kilómetros de carretera que unen la Ruta 5 Norte con la ciudad de Iquique se levantan casi un centenar de animitas que recuerdan a quienes han muerto allí en trágicos accidentes de tránsito.

domingo, 8 de abril de 2012

Santo Patrono


Cuando era niño las noticias de viernes santo hablaban de las inmensas filas para participar de la eucaristía en alguna de las iglesias de Santiago; treinta años después las noticias hablan de las inmensas filas en las plazas de peaje de las carreteras por donde los santiaguinos buscan escapar a los balnearios del litoral. 
Hace tiempo que semana santa para una gran mayoría se convirtió en una suerte de vacaciones express y de su sentido original solo queda la trigésima repetición en la televisión de Jesús de Nazareth de Franco Zeffirelli y uno que otro documental en el cable.
En una sociedad que lucha por el pluralismo, que exige que la iglesia deje de intervenir en las decisiones del estado, en donde los sacerdotes y obispos son mirados con desconfianza por sus escándalos sexuales, en donde pastores y predicadores son mirados con desconfianza por sus escándalos financieros, la religión a todas luces se bate en retirada.
Pero todo lo anterior parece contradictorio al ver los miles, y en algunos casos cientos de miles, de personas que se congregan en Febrero en Yumbel para la Fiesta de San Sebastián, o en Junio en la bahía de Valparaíso para la Fiesta de San Pedro, o en Julio en la pampa nortina para la Fiesta de la Virgen de La Tirana, o en Agosto en la isla de Caguach para la Fiesta del Nazareno, o en Diciembre en la precordillera coquimbana para la Fiesta de la Virgen de Andacollo, y eso solo por mencionar algunos.
Es cierto que un buen número de los asistentes son solo observadores en busca de imágenes llenas de colorido, otros tantos tan solo están interesados en la fiesta en sí, pero también es cierto que la gran mayoría compuesta por pescadores, campesinos, pirquineros, dueñas de casa, y toda clase de gentes humildes y sencillas se congregan en estas celebraciones motivados por la fe, agradeciendo los favores concedidos o solicitando nuevas dádivas.
Fe en que hay fuerzas superiores que prodigaran un mejor mañana, fe en que se encontrará alivio para aquella enfermedad que el sistema de salud no cubre, fe en que se multiplicará el dinero que a todas luces es imposible que alcance hasta fin de mes, fe en que este año las lluvias lleguen a tiempo, fe en que los cardúmenes de peces esquivaran las redes de los buques factoría y volverán a los dominios de los pescadores artesanales, fe en que todo cambiará para bien.
No me corresponde juzgar lo cierto o vanas que son aquellas esperanzas, solo tengo claro que hace mucho tiempo que fe y religión ya no son lo mismo.

domingo, 1 de abril de 2012

Licarayen


Antes del comienzo de los tiempos hubo un fuerte enfrentamiento en el wenumapu (tierra de arriba) en el que finalmente Antu (el sol) venció al malvado Peripillán arrojándolo al naggmapu (la tierra en la que andamos) para luego cubrir su cuerpo con enormes rocas que terminaron por formar la montaña a la que los hombres del norte más tarde llamarían Osorno. 
Siglos y siglos más tarde los huilliches (gente del sur) llegaron a habitar las tierras al occidente de los gigantescos abismos que guardaban la prisión de Peripillán
 Los hulliches era gobernados por un anciano y sabio cacique cuya hija, Licarayen (flor blanca) estaba comprometida con el valeroso toqui (líder guerrero) Quitralpi. Pero la belleza de Licarayen incendió la pasión del viejo Peripillán el que al enterarse del amor de la joven por Quitralpi explotó de furia arrojando fuego y rocas por sobre el abismo con el fin de destruir a los hombres y sus moradas. 
El sabio cacique reunió a los ancianos para buscar una forma de calmar la ira del antiguo espíritu hasta que en medio de ellos se apareció un viejo machi (chamán) quien les dijo que para aplacar la furia del pillán (espíritu) debían depositar envuelto en una rama de canelo el corazón de la joven más bella, noble y virtuosa en lo alto de un monte. Los ancianos no dudaron en coincidir en que entre todas las vírgenes Licarayen era la que mejor reunía las condiciones requeridas. 
Al enterarse de la decisión de los ancianos la muchacha aceptó con orgullo su destino poniendo como única condición que fuera su amado Quitralpi el único hombre que la tocara y fuera él quien le sacara el corazón. 
La princesa se tendió sobre un lecho de flores y Quitralpi le abrió el pecho para luego entregar el corazón de la joven a un mozalbete que lo envolvió en una rama de canelo y corrió con él hasta la cima del monte más alto. Acto seguido el bravo guerrero se arrojó sobre su lanza para acompañar a su amada en la muerte. 
Entonces en el cielo apareció un manque (cóndor) que engulló el corazón para luego tomar la rama de canelo entre sus garras y tras un raudo vuelo arrojarla sobre las llamas del Peripillán
En ese preciso instante desde el cielo comenzaron a caer miles de flores blancas, como nunca antes habían visto los hulliches, las que poco a poco apagaban los fuegos del iracundo espíritu. 
Nevó por días y semanas y meses y años. La nieve derretida corría por las laderas de los montes hasta inundar por completo los abismos, dando origen así al Lago Llanquihue (lugar perdido), hasta que finalmente las flores blancas terminaron por apagar el poder del Peripillán sepultándolo para siempre en una tumba de hielo. 


Sin embargo las flores sobre las que quedaron tendidos Licarayen y Quitralpi se convirtieron en enredaderas que escondieron sus cuerpos y formaron un palacio en el que las almas de los enamorados viven hasta el día de hoy. Ese palacio solo puede ser visto y encontrado por aquellos de corazón puro en medio de las aguas del Llanquihue.

domingo, 15 de agosto de 2010

We Tripanto

Como la mayoría de las comunidades indígenas sudamericanas los mapuches, pueblo originario que habita el sur de Chile y Argentina, celebran el solsticio invernal como el punto de partida de un nuevo año, cuestión que podría parecer a simple vista contradictoria porque la fecha marca el punto culmine en términos de las inclemencias meteorológicas y quedando aún por delante los meses más duros del invierno. Pero nuestros pueblos ancestrales no lo ven así, para ellos ya ha tenido lugar la noche más larga y de ese instante en adelante, a pesar del frío, cada día será más luminoso que el anterior.
En la cosmovisión mapuche “Antu” (el sol) hace meses inició un viaje alejándose del mundo de los hombres hasta escuchar el llamado del “Mapu” (la tierra) que tiene lugar durante el solsticio, es entonces cuando el astro rey inicia su marcha de regreso trayendo consigo al “Picúnmapu”, “Puelmapu”, “Huilmapu” y “Lafkenmapu”, los cuatro vientos, lo que hará que en las próximas semanas y meses abunden las lluvias que prepararán los campos para la siembra y luego la cercanía de Antu hará brotar semillas y frutos así como recibirá el nacimiento de corderos, potrillos y polluelos.
Pero si bien el Wetripantu, o nacimiento del nuevo sol, es en sí una fiesta el cómo se lleva a cabo dista bastante de lo que en nuestra cultura occidental consideramos como una celebración. Acá no existe el alcohol en abundancia, el confeti y la música pachanguera, sino que se trata más bien de una íntima reunión al calor del fuego con la familia y los amigos más cercanos en donde usualmente los extraños no son bienvenidos pues consideran esta una instancia sagrada. ¿Porqué se me permitió participar de la ceremonia? Supongo que un par de horas de caminata bajo una lluvia inclemente fue prueba suficiente de mi respeto por sus tradiciones, además imagino que en esas circunstancias se les hacía difícil enviarme de vuelta por el mismo camino.
Adentrada la noche la comunidad se reúne al interior de la “Ruka”, vivienda tradicional hecha de madera y techada con paja, todos rodean el fogón central mientras se bebe yerba mate en abundancia acompañado de tortillas de harina y carne ahumada. En una organización netamente patriarcal le corresponde al lonko, el más anciano y líder del clan, revivir uno a uno los relatos aprendidos de sus ancestros donde se narra la cosmovisión de su pueblo, el significado de sus nombres y apellidos, las hazañas de sus héroes, además de discutir los desafíos de los tiempos modernos, todo ello seguido ávidamente por los más jóvenes y en especial por los niños, y es que el Wetripantu consiste por sobre todo en traspasar sus saberes a las nuevas generaciones.
Poco antes del alba la comunidad hace sonar sus instrumentos y grita celebrando la llegada del nuevo sol, luego danza en círculos alrededor del Rehue (el tótem familiar) al compás del Kultrún, su tambor ceremonial, para después agradecer a los cuatro vientos y elevar plegarias pidiendo las bendiciones de Chau Ngüenechen, el dios creador y protector del pueblo mapuche. Finalmente todos marchan hacia el curso de agua más próximo donde lavan profusamente su cuerpo despojándose así de las enfermedades y energías negativas del año que termina a la vez que renuevan su “Newen” (fuerza).
Esta foto quizás represente en propiedad lo que es el Wetripantu: el fogón en torno al cual se reúne la familia, el tambor ceremonial que dirige sus danzas, y un niño mapuche aprendiendo las hermosas historias contadas por su abuelo.

domingo, 25 de julio de 2010

Tejedores

En Noviembre del año 2005 la UNESCO declaró al arte textil de la Isla Taquile como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad”, e incluso algunos especialistas en el tema han llegado a definir a los taquileños como los mejores tejedores del mundo.
Para sus confecciones utilizan lana de llama, alpaca y oveja además de plantas y piedras para otorgar el colorido en una actividad que aprenden desde sus primeros años y que forma parte de cada instante de sus vidas por lo mismo no es raro ver a los hombres tejiendo con sus palillos mientras caminan o participan de una reunión social, en tanto las mujeres pasan el mayor tiempo posible frente a sus telares.
En un pueblo de diestros tejedores no es extraño que sus prendas de vestir alcancen un significado que va mucho más allá de sencillamente arroparse. Es así como los colores usados y los bordados en las prendas definen el rol desempeñado por cada individuo en su compleja organización social, Más interesante aún es que la forma y color de los pompones con que los varones adornan sus sombreros y las mujeres sus faldas indican si se encuentra solteros, solteros en busca de pareja, comprometidos en matrimonio, casados, casados pero distanciado de su cónyuge o viudos. Además a la faja que todos y cada uno lleva en su cintura continuamente se le agregan bordados que representan los acontecimientos importantes en sus vidas, de esta forma matrimonios, nacimientos de hijos, cosechas abundantes, años difíciles y la muerte de algún cercano se encuentran impresos en un verdadero diario de vida que puede ser leído por cualquiera que entienda su simbología.
Como los taquileños confeccionan personalmente cada una de sus prendas imagínense la importancia emocional que ello conlleva, quiero decir ¡con que ilusión una jovencita dispondrá en sus faldas los pompones de colores con los que demostrará que se encuentra en busca de pareja!, ¡con que alegría un joven padre adornará su faja con las señas del nacimiento de su primer hijo! o ¡con que tristeza una mujer bordara en su pañuelo los dibujos que den cuenta de su viudez!.
Mientras en Taquile sus habitantes pasan largas y meditadas horas escribiendo su historia y definiendo sus estados sentimentales para buena parte del resto del mundo especificar si somos completamente solteros o estamos en una relación, así como muchos otros detalles de nuestra vida, se limita a simplemente elegir una casilla dentro de las opciones de nuestro perfil de facebook.

jueves, 15 de julio de 2010

Picardía

El baile existe desde antes de la invención de la escritura, quizás incluso antes del descubrimiento del fuego o la creación del leguaje. En la actualidad contamos danzas artísticas, religiosas, ceremoniales o simplemente festivas. Bailamos cuando estamos contentos y también cuando queremos conquistar, y es que en su más pura esencia y en todas las culturas el baile ha sido un juego de seducción.
Así es la “cueca”, la danza nacional de los chilenos, un juego de seducción, quizás no tan elegante como el tango o tan cadenciosa como la salsa, pero comparte un mismo fin agradar, conquistar y enamorar.
Nació a finales de la colonia e inicios de la república en las chimbas, los barrios populares de Santiago, como una respuesta a los bailes de salón de las clases acomodadas. Aunque sería difícil de explicar sus movimientos coreográficos a quienes nunca la han visto basta con decir que en su esencia busca imitar el cortejo de las aves de corral, en especial del gallo y la gallina. El hombre da círculos alrededor de su pareja enarbolando su pañuelo al viento, acercándose en forma sorpresiva para luego alejarse haciendo gala de sus dotes de bailarín y su elegancia, ya hacia el punto culmine da muestras de su virilidad zapateando fuertemente el suelo y corriendo a ofrecer el brazo a su compañera. En el caso de la mujer, que en la cueca recibe el nombre de “china” esta tan solo se dedica a ser cortejada, se mueve cadenciosamente en un punto central, oculta su rostro con su pañuelo, esquiva las embestidas de su pareja pero nunca rehúye su mirada, sus ojos siempre están puestos en su acompañante indicándoles con ellos si se siente realmente halagada. Esto es lo que en Chile llamamos mirada pícara, esos cautivantes ojos que necesitas descifrar, que pueden estar dando su aprobación a la más alocada pasión o tan solo aceptando una breve conversación una vez acabado el baile, allí se encuentra la esencia del baile, más allá de la precisión en la coreografía o las habilidades del danzante, en ojos llenos de picardía.
La historia finaliza cuando llegados los acordes finales la “china” corre grácilmente a tomar el brazo de su pretendiente y le saludo con una sutil reverencia.
Una de las cosas que más me cautiva de la cueca es que es el más democrático de los bailes, tan solo se necesitan las ganas, un pañuelo y una mujer a la que agradar.

jueves, 10 de junio de 2010

Navegantes de Mareas

Según los ancianos indios huilliches hace muchos miles de años la isla de Chiloé, en la puerta noroeste de la Patagonia, estaba unida al continente hasta que apareció Caicaivilú, la serpiente del mar enemiga de toda vida y señora de todo lo que es maligno, quien deseo incorporar dichas tierras a sus territorios inundándolas por completo. Entonces surgió Tentenvilú, la serpiente de la tierra señora del bien y la fecundidad, quien elevó los cerros hasta convertirlos en islas donde se refugiaran los hombres y a aquellos que no alcanzaron a escapar los convirtió en lobos marinos o en aves como las gaviotas y los cormoranes.
Pero aunque han pasado los milenios la malvada serpiente marina no cesa en sus intentos de inundarlo todo y es por eso que junto con la llegada del atardecer comienza a subir el nivel de las mareas hasta que pasada la medianoche la situación es notada por Tentenvilú quien combate con su enemiga hasta hacerla retroceder a la llegada del amanecer para que así los chilotes puedan adentrarse en las riberas y extraer de allí los peces y mariscos atrapados en los pozones. Sin embargo en ese mismo instante Caicaivilú se aprovecha del cansancio de la benefactora de los hombres y comienza nuevamente su inundación.
Los chilotes que con los años se han convertido en hábiles navegantes y están acostumbrados a esta lucha cósmica aprovechan el oleaje enviado por la serpiente señora del mar para desamarrar sus embarcaciones y “hacerse a la mar”.
Hacia el mediodía Tentenvilú ha recuperado sus fuerzas por lo que vuelve a forzar a dar pie atrás a su adversaria, cuestión que le toma hasta el atardecer hora en la que el mar se ha retirado tanto que los botes quedan varados en las proximidades de las costas obligando a los hombres a regresar a sus hogares al igual como lo hace su protectora, pero en cuanto cierran sus puertas Caicaivilú ayudada por la Luna reinicia el circulo eterno.

El muy gradual declive del fondo marino presente en el mar interior de Chiloé sumado a que la isla en sí misma actúa como un gigantesco obstáculo que retarda el avance de las corrientes marinas, es la explicación del porqué la diferencia entre la línea de alta y baja marea en algunos lugares supere el kilometro generando frente a las caletas de pescadores a primera y última hora del día este surrealista cuadro de decenas de botes varados en la arena a la espera de que el mar nuevamente los libere….. Pero yo prefiero quedarme con la explicación de los abuelos huilliches.

jueves, 6 de mayo de 2010

El Curanto

Mi buena y querida amiga Pepa siempre celebra las palabras, usualmente de origen indígena, que hemos ido incorporando a nuestro castellano criollo, así que a las que ha leído en entradas anteriores hoy agregaré “curanto”, “milkao” y “chapalele” (estoy enloqueciendo al corrector ortográfico de mi procesador de texto).
Primero que todo permítanme decirles que así como la verdadera paella se come en Valencia, la original fejoada se come en Río y las mejores parrillas de carne son argentinas, el auténtico curanto se prepara y saborea tan sólo en la isla de Chiloé, puerta de entrada a la Patagonia occidental. Permítanme también decirles que al igual que las preparaciones antes mencionadas el curanto no es un plato que uno prepare en solitario cuando se despierta con hambre a medianoche, no claro que no. El curanto es una comida social que debe ser preparada en compañía de un buen grupo de amigos usando como ingredientes primordiales la risa, la conversación amena y una considerable cuota de tiempo disponible.
Se comienza haciendo un hoyo en la tierra de un metro de diámetro por medio de profundidad, debe ser tierra viva, húmeda, cálida, de esa que abundaba en los patios de nuestra niñez, luego el fondo del agujero se cubre con piedras de tamaño medio. Sobre las piedras se hace un fogón con gruesos troncos y es aquí donde se comienza a aplicar las dosis de risa y conversación porque es necesario esperar hasta que las mencionadas piedras alcancen la máxima temperatura posible.
Una vez que estas alcanzan el rojo vivo se retiran los troncos encendidos y todo resto de brasas ya que la cocción debe hacerse tan sólo usando el calor irradiado por los guijarros. Entonces se vacía sobre el agujero un par de canastos de choros maltones, otro más de almejas, un par de más de machas, otro de ostiones y de cuanto marisco bivalvo exista. Sobre los frutos del mar se distribuyen un buen número de patatas, abundantes longanizas y trozos de cerdo ahumado. Hago notar que a estas alturas el vapor emanado de seguro debe ser cuantioso, así que para no perder su calor toda la preparación se tapa rápidamente con gigantescas hojas de Nalca, planta endémica de Chiloé parecida a los helechos.
Sobre las hojas se coloca cuidadosamente los milkaos, suerte de panes o tortillas hechas en base a un puré de patatas cocidas, y los chapaleles, igual que los anteriores pero usando patatas crudas. Luego se pone una segunda y mucha más abundante capa de hojas hasta que no escape ni la menor pisca de vapor y es allí donde se vuelve a utilizar la conversación y la risa como ingredientes porque se deberá esperar al menos una media hora hasta que la preparación esté terminada.
El destape del curanto es toda una ceremonia, las hojas verdes han tomado un color ocre y han traspasado toda su esencia a las tortillas, los vapores y aromas llenan por completo el frío aire austral, el cerdo y las longanizas han adquirido un color rojizo como el rubí, las patatas se han enternecido al punto de que pueden ser comidas con su cáscara y las caparazones de todos y cada uno de los marisco se han abierto por completo dejando ver las leguas que contienen en su sabroso interior.
Finalmente permítanme también decirles que no acepten que les lleven la preparación a la mesa porque el verdadero curanto se come en cuclillas alrededor de esta folklórica olla a presión mordisqueando un poco de cerdo aquí, una patata allá, envolviendo las longanizas en los chapaleles y por sobre todo comiendo uno a uno y directamente de sus conchas los choros maltones, almejas, ostras, machas y demases.
No se preocupen si aún les quedan reservas de risa y conversación porque de seguro les serán de provecho en la sobremesa.

domingo, 10 de enero de 2010

Learning to fly


Indudablemente “Learning To Fly” es una de mis canciones favoritas de Pink Floyd, en especial de su última etapa y quizás una de las pocas en donde David Gilmour logra que no se extrañe la presencia de Roger Watter.
Desde sus primeros acordes el tema es una invitación a saltar al vacío y echarse a volar. Hace un año atrás tuve la ocasión de ver esta canción hacerse carne con ocasión de la visita de una delegación de Veracruz a los Carnavales Culturales de Valparaíso, fue allí donde pude contemplar en vivo y en directo a los Voladores de Papantla, estos indígenas mexicanos que luego de danzar sobre un poste de más de treinta metros de altura y no más de cincuenta centímetros de diámetro se lanzan al vacío atados de los pies por una delgada soga que se va desenrollando lentamente por la acción de la gravedad en un espectáculo milenario y quizás tan solo igualado por las contemporáneas acrobacias del Circus Solei.
Los indios totonacas están profundamente convencidos que este temerario acto de fe realizado con la llegada de cada primavera es la única forma de garantizar la necesaria fertilidad de la tierra. Honestamente, por mi escéptica forma de ver el mundo, dudo que dicha ceremonia realmente tenga algún efecto sobre la productividad de los suelos pero es innegable que tanto coraje, denuedo y respeto por sus tradiciones ancestrales resulta por decir lo menos admirable.
Algunos lo verán como una interesante ceremonial religioso, otros como un número circense, para mi es ver como uno de los más arraigados sueño del ser humano: volar como un pájaro, se vuelve realidad por algunos minutos, así que solo me queda agradecer a estos arriesgados mexicanos por demostrarme que nada es del todo imposible y que las letras de Gilmour no son tan bizarras y oníricas.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cardonal

En una época de compras por internet y pedidos a domicilio, en la que las plazas y parques del siglo XXI son los gigantescos centros comerciales con aire climatizado, música ambiental y estacionamiento de varios niveles, los pequeños almacenes de barrio, las carnicerías, modestas verdulerías y panaderías parecen condenados a la extinción. En este contexto me llama felizmente la atención que una institución permanezca casi inalterable desde la antigüedad clásica, pasando por el Medievo, el renacimiento y los tiempos modernos, hasta nuestros días. Se trata de los Mercados, aquellos lugares de venta de toda clase de productos, especialmente alimentos, presentes prácticamente en cada ciudad del orbe y sin señas de decadencia o verse afectados por la modernidad.
¿Cuál es la esencia de los mercados que les permite resistir el paso del tiempo? ¿Por qué siguen siendo un lugar tan fascinante y preferido para realizar las compras periódicas? Definitivamente no es sólo por un aspecto económico ya que no necesariamente sus precios son los más módicos, tampoco es exclusivamente por su contexto folklórico y típico porque mal que mal más grandes o más pequeños todos son prácticamente similares.
Como visitante esporádico del “Cardonal”, el más emblemático mercado de abastos de Valparaíso, me atrevo a conjeturar que su vigencia se debe a que comprar en ellos es una experiencia que definitivamente ocupa y consume los cinco sentidos.
Primero nuestros ojos se encandilan con los colores de los puestos de frutas y verduras; rojos, amarillos y verdes tan intensos que ya bien Sorolla o Renoir se los hubieran querido tener en sus pinturas. Luego nuestros oídos acostumbrados a la insípida música ambiental de los Shoping Center parecieran saturarse con los gritos de los feriantes ofertando a viva voz y de forma cada vez más original sus productos acompañados del incesante rumor de voces, cientos de voces comunicándose, tranzando, conociéndose.
Quien se da un verdadero banquete es nuestra nariz y es que la verdadera prueba para conocer las cualidades de nuestro olfato no está en distinguir el bouquet de uno u otro vino, o diferenciar entre tal o cual perfume. Podemos preciarnos de tener un agudo olfato si ante un puesto de especias y esencias somos capaces de distinguir entre los intensos aromas de la pimienta negra, la nuez moscada, el azafrán, la vainilla, la canela y cuanto condimento exista.
El gusto no se queda atrás porque para comprar un buen queso, fresco o maduro, un puñado de exquisitas aceitunas o un corte de jamón es necesario degustarlos y en un mercado se encuentran algunos de las mejores delicatesen junto a estupendo restaurantes o cocinerías de corte tradicional.
Finalmente el tacto pasa a ser indispensable para hacer una buena compra y es que solo tanteando se puede elegir la mejor sandía o se puede saber si ciertos tomates están aptos para una deliciosa ensalada acompañada de cebollas o para preparar una sabrosa salsa boloñesa.
No sé donde realicen sus compras habitualmente pero si no lo han hecho les recomiendo visitar el mercado que les sea más próximo. En cuanto a mí debo dejarlos porque esta escritura me ha despertado el apetito.