domingo, 4 de mayo de 2014
Claro de Luna (Republicación del 15/10/09)
No sé ustedes pero en mi caso la acción de la naturaleza incide directamente en mis estados de ánimo. Las soleadas mañanas primaverales me energizan, los días de lluvia copiosa me sosiegan, las puestas de sol en verano me evocan romanticismo, y los preciosos claros de Luna me provocan una extraña sensación de nostalgia, una suerte de tranquila tristeza o dulce melancolía, y al parecer no soy el único.El escritor Edmond Rostand decidió que fuera en un “Claro de Luna” que el Cyrano encontrara la muerte mientras la misma pálida luz iluminaba las lagrimas de su amada prima Roxana quien ya demasiado tarde había descubierto quien era el verdadero autor de las letras de las que se enamoró.
Como “Claro de Luna” es comúnmente conocida la hermosa Sonata 14 en Do# de Beethoven compuesta en medio de la tristeza de verse privado del amor de Constantina Gullietta Guicciardi por razones sencillamente sociales además de comenzar a sobrellevar su sordera. Según la tradición en el primer movimiento describe calmo su amor platónico, en el segundo describe sus encuentros y en el tercero libera toda su melancolía con una vehemencia casi inusitada.
“Claro de Luna” también se llama el cuento de Guy de Maupassant en donde el testarudo cura Marignan descubre en una visión bajo la plateada luz lunar el verdadero significado del amor romántico.
Casi cien años después de que lo hiciera Beethoven el compositor francés Claude Debussy bautizó como “Claire de Lune” a una de las obras de su soñadora juventud y aunque deseo que está no se publicará por encontrarla demasiado triste y melancólica terminó convirtiéndose hasta la fecha en su creación más reconocida.
Finalmente en 1974 el cantautor cubano Silvio Rodríguez dio un respiro a sus cantos a la revolución y en contra del imperialismo para componer “En el Claro de la Luna”, una de sus más delicadas melodías y una de sus poesías mejor lograda.
De más está decir que la presente entrada la reflexione fumando un cigarrillo bajo la melancólica luz de un claro lunar y como sería largo transcribir las obras de Rostand o Maupassant y las bellas melodías de Beethoven y Debussy son imposibles de traspasar a letras les dejo los versos de Silvio.
“En el Claro de la Luna donde quiero ir a jugar
Duerme la Reina Fortuna que tendrá que madrugar.
Mi guardiana de la suerte, sueña cercada de flor,
Que me salvas de la muerte con fortuna en el amor.
Sueña, talismán querido, sueña mi abeja y su edad;
Sueña y si lo he merecido sueña mi felicidad.
Sueña caballos cerreros, suéñame el viento del sur,
Sueña un tiempo de aguaceros en el valle de la luz.
Sueña lo que hago y no digo, sueña en plena libertad,
Sueña que hay días en que vivo, sueña lo que hay que callar.
Entre las luces más bellas duerme intranquilo mi amor
Porque en su sueño de estrellas mi paso en tierra es dolor.
Mas si yo pudiera serle miel de abeja en vez de sal.
¿A qué tentarle la suerte que valiera su soñar?
Suéñeme, pues, cataclismo, sueñe golpe largo y sed,
Sueñe todos los abismos que de otra vida no sé.
Sueñe lo que hago y no digo, sueñe en plena libertad,
Sueñe que hay días en que vivo, sueñe lo que hay que callar.
Sueñe la talla del día, -del día del que fui y del que soy-
Que el de mañana alma mí lo tengo soñado hoy.”
lunes, 29 de julio de 2013
Rapaz (Republicación del 15/09/09)
jueves, 28 de marzo de 2013
Sombras de Antuco (Republicación del 15/08/09)
viernes, 22 de marzo de 2013
Los Caminos de Nahuelbuta
jueves, 25 de octubre de 2012
Verde Mar
sábado, 20 de octubre de 2012
Profundidad Rural (Republicación del 20/07/90)
Hace algunos años en una reunión social conversando con uno de esos conocidos ocasionales con los que se puede entablar una entretenida charla pero que horas después ni siquiera se recuerda su nombre, este me comentó acerca de sus magníficas vacaciones en las profundidades de la Patagonia. Como es lógico pensar de inmediato me imaginé una tienda de campaña sacudida por el viento junto a una fogata humeante a los pies de un glaciar milenario. A los pocos minutos de conversación me di cuenta que en lugar de la sacrificada carpa se trató de una suerte de yurt mongol de treinta metros cuadrados dotado de piso alfombrado con calefacción centralizada, cama king size, televisión y teléfono satelital. No critico a quienes optan por el contacto con la naturaleza con las comodidades de un hotel cinco estrellas pero no me interesa llevar mi sala de estar o el escritorio de mi oficina al lugar donde supuestamente viajo a desconectarme del cotidiano vivir, pero aún así sin proponérmelo me he terminado contradiciendo.
De cara a las vacaciones estivales de este año opté por contratar el servicio de navegación por internet para mi teléfono móvil, la idea era poder revisar algunos correos electrónicos y consultar alguna información en la web que me fuera útil en mi plan de viaje. Sin darme cuenta me encontré revisando mis estados de cuenta bancarios, examinando la actualidad noticiosa y al visitar mi página de facebook enterándome del diario acontecer en mi trabajo. No fue hasta que parado frente a esa carretela de bueyes y tras darme cuenta que no contaba con señal de telefonía móvil finalmente me “desconecté” por completo.
El comienzo fue casi traumático, por sobre todo porque me vi obligado a esperar. Mi conjugación habitual del verbo esperar consiste en aguardar el paso del autobús número 307 que me lleva a mi lugar de trabajo y que sagradamente pasa cada quince minutos; en aguardar el fin de mi jornada laboral que siempre ocurre a las 21 horas; en aguardar la llegada de mi pedido de comida a domicilio que de acuerdo a lo publicitado debe ser antes de treinta minutos o sino es gratuita. En resumen todas mis cotidianas esperas no son más que parte de una adecuada programación que suele cumplirse al pie de la letra.
Inmerso en medio de la profundidad de la campiña me vi obligado a esperar llegar al final de un intricado camino sin poder consultar las vistas satelitales provistas por Google Maps; a esperar el fin de la lluvia sin poder consultar ningún informe meteorológico; a esperar el hervor del agua calentada por el fuego sin poder apurarlo con la programación de un micro hondas; a esperar el paso de un bus rural que cumple con su recorrido a “alguna” hora del día. Esas esperas son las que ayudan a calmar las pulsaciones, aquietadas por el murmullo de los árboles, y a clarificar la mente, libre de las programaciones cotidianas, por lo mismo esas esperas nos permiten alcanzar un renovado rendimiento físico y una sorprendente profundidad de pensamiento.
Espero haber aprendido la lección y para la próxima vez no sólo mantendré apagado mi móvil sino que en una de esas quizás incluso me despojo de mi amado y fiel reloj de pulsera.
domingo, 8 de julio de 2012
Angus
martes, 1 de mayo de 2012
Ruka Lelbún
sábado, 4 de febrero de 2012
La Plaza de las Siete Fundaciones (Republicación del 25/06/09)
Angol es la puerta de entrada a la Araucanía y marcó por siglos la frontera entre el mundo occidental y el ancestral mundo indígena. Su posición geográfica la convirtió en el escenario permanente del conflicto entre los esfuerzos colonizadores y el deseo del originario pueblo mapuche por mantener incólume su territorio y su forma de vida.
Al referirnos a este conflicto solemos hablar con ligereza del “genocidio étnico y cultural cometido por el conquistador español”, pero se nos olvida, o preferimos olvidar, que en Latinoamérica las mayores masacres y vejámenes en contra de la población indígena se cometieron hasta avanzado el siglo XX cuando nuestros pueblos ya llevaban bastante tiempo independizados de la corona española.
La escena de una formación de caballería disparando sus rifles Winchester en contra de una pacífica y desarmada aldea indígena no es exclusiva de la conquista del oeste estadounidense, también tuvo lugar en el sur de Chile durante el proceso de “Pacificación de la Araucanía” liderado a finales del siglo XIX por el Coronel Cornelio Saavedra quien con cinismo en cierta ocasión declarara que la conquista de los territorios araucanos le costó más mosto que pólvora, debido a que compró con alcohol los favores de los caciques que no pudo exterminar.
Luego del accionar de Saavedra el pueblo mapuche al sur de Angol fue relegado a reservaciones indígenas y sus vastos territorios fueron repartidos entre el estado de Chile, los ricos hacendados capitalinos y un millar de colonos traídos desde Europa no solo para que explotaran los terrenos sangrientamente adquiridos sino que también para que una mayor cantidad de sangre “blanca” hiciera disminuir la marcada presencia de la ascendencia indígena en el creciente proceso de mestizaje que terminaría por definir nuestra identidad nacional. Esta burda suerte de manipulación genética fue también empleada como política de estado en Argentina y Brasil donde recibió el nombre de “Proceso de Blanqueamiento”. Más tarde con la revolución industrial la masa indígena pasó de ser mano de obra barata para las tareas agrícolas a mano de obra barata para la minería, la explotación del caucho o las nacientes manufactureras.
En las praderas norteamericanas, el altiplano andino o la Patagonia el choque cultural era inevitable y en cuanto a las consecuencias el daño ya está hecho, lo que queda es mirar hacia adelante y devolver a nuestros pueblos originarios su dignidad, pero cuidado que esa dignidad nunca será alcanzado manteniéndolos en el subdesarrollo y convirtiéndolos en un atractivo para los turistas. Tan vejatorio como perseguirlos en el pasado es convertirlos en especies de museos vivientes como pretenden algunos en el presente.
Los pueblos originarios, deben encontrar el justo balance entre valorar, preservar y transmitir sus formas de vida ancestrales a la vez de acceder a la salud, educación y tecnología propias del mundo actual. En tanto la sociedad latinoamericana en su conjunto debemos dignificar y valorar tanto a los colonos que cruzaron el atlántico para radicarse en nuestras tierras como a las etnias que las habitaban desde hace siglos, al fin y al cabo somos igualmente hijos mestizos de ambos.
lunes, 16 de enero de 2012
Paisajes Privados
sábado, 16 de abril de 2011
Los Colores de la Tormenta
sábado, 15 de enero de 2011
Columnas Milenarias
lunes, 20 de diciembre de 2010
Nahuelbuta (Republicación del 04/06/10)
Hace algunos días lamentablemente debí visitar a mi ejecutivo de cuentas para refinanciar uno de mis créditos bancarios. Lo anterior aparentemente no tiene ninguna relación con los árboles de Nahuelbuta, pero el punto es que para cumplir con el trámite de repactación debí firmar al menos medio centenar de documentos entre solicitudes de crédito en triplicado, seguro de desgravamen en quintuplicado, opcional de seguro de cesantía, declaración patrimonial, declaración de no participación en sociedades anónimas y un sin fín más que ya no recuerdo. Mi ejecutivo parecía un energúmeno poseído por un éxtasis casi místico imprimiendo e imprimiendo copias de documentos incesamente en su impresora laser que luego me alcanzaba para que yo estampara mi firma con mi mano ya casi acalambrada.
Esta experiencia me convenció de que en la Patagonia, en medio de la Amazonia o en algún lugar de Finlandia o Australia, el Banco Santander debe tener su propio bosque privado con su correspondiente planta de celulosa destinado a proveer del papel necesario para sus operaciones comerciales. De seguro no muy lejos de aquel bosque han intervenido el cauce de algún río con una represa para poder generar la energía eléctrica suficiente para mantener en funcionamiento constante su red de impresoras.
Me parece inaudito que en plena era informática todavía se usen toneladas de papeles que en formato digital podrían ser almacenados en un pequeño disco duro. Algún abogado me dirá que tal vez de acuerdo al marco jurídico actual los documentos digitalizados no tienen validez legal o que se yo que vacío constitucional, pero es allí donde deben actuar por primera vez en forma proactiva nuestros legisladores modificando lo que haya que modificar.
De seguro en estos precisos momentos mi ejecutivo de cuentas debe haber dado la orden de que se plante un árbol con mi nombre, el que va ser nutrido con toda clase de fertilizantes de crecimiento ultra rápido cosa que alcance a ser talado y convertido en papel de aquí a que tenga que pedir un nuevo crédito.
Lamentablemente las Araucarias y Coigües milenarios de Nahuelbuta tarde o temprano terminaran convertidos en un trozo de papel tamaño A4 en el que imprimiremos algún e-mail que un par de horas después arrojaremos al tacho de la basura a no ser que….. disculpen la interrupción pero mi ejecutivo de cuentas me acaba de llamar para avisarme que faltaron un par de documentos por firmar así que debo ir al banco.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Hijos de la Mar
El resto de la tripulación lo componen don Marcelo, amigo de infancia de don Alipio y ligado a este por una complicada red de compadrazgos, trabajó casi toda su vida bajo tierra en los yacimientos carboníferos y sólo se lanzó al mar como una forma de mantener a su familia cuando estos cerraron; Ramiro, un gordo enorme que cada vez que pisa tierra gasta todo lo ganado en el prostíbulo del pueblo; Leonel el “Indio”, un mapuche lafkenche de rostro áspero, mediana estatura y cuerpo fornido; Willy el “Alemán”, descendiente de los primeros colones germanos llegados a la zona quien para disgusto de su familia se unió al movimiento hippie en los setentas y tras verse sin estudios y sin heredad no tuvo otra opción que dedicarse al oficio de pescador; y finalmente Manuel, el más misterioso de todos, sencillamente apareció un día en el pueblo, nunca habla de su pasado ni de donde proviene, se rehúsa casi con violencia a desembarcar en los puertos del norte y es hábil como nadie con el cuchillo por lo que sus compañeros suponen que debe estar huyendo de algún conflicto con la ley.
Aunque diversos en sus edades, educación e intereses, forman una pequeña familia, una cofradía de camaradas que se interna por semanas a cientos de kilómetros de la costa en busca de los ansiados jureles, reinetas, róbalos y sierras. Poco importan las largas ausencias, poco importan los vientos amenazantes, poco importan las gigantescas olas, don Alipio posee una suerte de intuición que le permite predecir el mal tiempo lo que siempre los ha mantenido a salvo, aunque…
Han pasado ya cinco días desde que terminó el temporal. En el casino de pescadores de la localidad la señora Lucía, quien en tantas ocasiones había acompañado las tristes esperas de sus vecinas que de alguna forma sabía que tarde o temprano llegaría su turno de ser acompañada, sostiene un rosario en su mano derecha mientras con la izquierda abraza a Camila, la novia de Ramón con quien iba a casarse en dos meses. A su lado doña Eliana, esposa de don Marcelo, contempla desconsolada el océano preguntándose porque tantas veces su viejo salvó de los derrumbes en la mina para ahora perderse en las profundidades marinas. Tras ellas la madame del prostíbulo y dos de sus chicas cumplen con hacer presencia por el infortunado Ramiro, cabe destacar que una de las muchachas de verdad había llegado a querer al gordo. Al fondo del galpón Nora, la mujer del “Indio”, consuela a sus dos pequeños hijos, hablándoles en lengua mapuche les dice que no se preocupen porque cuando un lafkenche se pierde en las aguas su alma se une al séquito del espíritu que mora en lo profundo y este como pago siempre proveerá de alimento, buenos peces y abundancia de mariscos, a su familia por lo que de ahora en adelante ellos serán hijos de la mar. En el corredor que conduce al embarcadero dos hombres, hermanos de Willy, fuman incesantemente, por ellos las mujeres supieron que el desdichado en realidad se llamaba Wilfred Von Körtwick y entendieron porque para sus esposos era más sencillo tratarlo simplemente como el “Alemán”.
Diez minutos después que un cortés teniente de la Naval les informara que los guardacostas habían cesado la búsqueda un lujoso auto se estacionó frente al lugar. Una mujer rubia, hermosa y elegante, descendió del asiento trasero del vehículo vestida entera de negro y con uno enormes anteojos oscuros cubriendo su rostro. Las mujeres alcanzaron a oír que preguntaba al oficial por la suerte de Manuel y por fin entendieron que no era de la ley sino que de un mal de amores de lo que huía aquel misterioso hombre.
domingo, 15 de agosto de 2010
We Tripanto
En la cosmovisión mapuche “Antu” (el sol) hace meses inició un viaje alejándose del mundo de los hombres hasta escuchar el llamado del “Mapu” (la tierra) que tiene lugar durante el solsticio, es entonces cuando el astro rey inicia su marcha de regreso trayendo consigo al “Picúnmapu”, “Puelmapu”, “Huilmapu” y “Lafkenmapu”, los cuatro vientos, lo que hará que en las próximas semanas y meses abunden las lluvias que prepararán los campos para la siembra y luego la cercanía de Antu hará brotar semillas y frutos así como recibirá el nacimiento de corderos, potrillos y polluelos.
Pero si bien el Wetripantu, o nacimiento del nuevo sol, es en sí una fiesta el cómo se lleva a cabo dista bastante de lo que en nuestra cultura occidental consideramos como una celebración. Acá no existe el alcohol en abundancia, el confeti y la música pachanguera, sino que se trata más bien de una íntima reunión al calor del fuego con la familia y los amigos más cercanos en donde usualmente los extraños no son bienvenidos pues consideran esta una instancia sagrada. ¿Porqué se me permitió participar de la ceremonia? Supongo que un par de horas de caminata bajo una lluvia inclemente fue prueba suficiente de mi respeto por sus tradiciones, además imagino que en esas circunstancias se les hacía difícil enviarme de vuelta por el mismo camino.
Adentrada la noche la comunidad se reúne al interior de la “Ruka”, vivienda tradicional hecha de madera y techada con paja, todos rodean el fogón central mientras se bebe yerba mate en abundancia acompañado de tortillas de harina y carne ahumada. En una organización netamente patriarcal le corresponde al lonko, el más anciano y líder del clan, revivir uno a uno los relatos aprendidos de sus ancestros donde se narra la cosmovisión de su pueblo, el significado de sus nombres y apellidos, las hazañas de sus héroes, además de discutir los desafíos de los tiempos modernos, todo ello seguido ávidamente por los más jóvenes y en especial por los niños, y es que el Wetripantu consiste por sobre todo en traspasar sus saberes a las nuevas generaciones.
Poco antes del alba la comunidad hace sonar sus instrumentos y grita celebrando la llegada del nuevo sol, luego danza en círculos alrededor del Rehue (el tótem familiar) al compás del Kultrún, su tambor ceremonial, para después agradecer a los cuatro vientos y elevar plegarias pidiendo las bendiciones de Chau Ngüenechen, el dios creador y protector del pueblo mapuche. Finalmente todos marchan hacia el curso de agua más próximo donde lavan profusamente su cuerpo despojándose así de las enfermedades y energías negativas del año que termina a la vez que renuevan su “Newen” (fuerza).
Esta foto quizás represente en propiedad lo que es el Wetripantu: el fogón en torno al cual se reúne la familia, el tambor ceremonial que dirige sus danzas, y un niño mapuche aprendiendo las hermosas historias contadas por su abuelo.
sábado, 10 de abril de 2010
Reinventado (Republicaión del 19/05/09)
Actualización: Después del violento terremoto y siguiente tsunami que estremeció el centro sur Chile, y en donde Lota fue una de las zonas más afectadas, la necesidad de reinventarse se ha hecho más patente y potente que nunca, ya no reinventarse de una actividad laboral a otra sino reinventarse por completo desde donde vivir y en qué trabajar hasta que futuro esperar y que sueños perseguir.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Torrente
Aquellos lares son atravesados por el Yelcho, el Futaleufú, el Palena, el Cisnes y el Baker, algunos de los ríos más caudalosos del mundo, una delicia para los fanáticos de la pesca con mosca, el rafting, el kayaking y en general para todos aquellos que disfrutan del contacto con la naturaleza en su estado más puro y salvaje. Lamentablemente sus torrentosas cuencas también se han convertido en un apetecido tesoro para los dueños de las empresas generadoras de electricidad que en cada salto de agua ven la posibilidad de instalar una monumental represa que abastezca de miles de mega watts hora a nuestro país y al sur de Argentina.
Es innegable la necesidad de energía para mantener el desarrollo económico de dichas regiones, también es cierto que de todas las formas de generar electricidad la producción hidroeléctrica es una de las menos contaminantes, pero también es cierto que esta es una de las que más afecta los ecosistemas circundantes. El avance productivo puede justificar entonces alterar el curso de los ríos, inundar miles de hectáreas y llenar de torres de alta tensión un paisaje hasta entonces en estado virgen. No es más racional continuar potenciando las actividades económicas ligadas al turismo, mal que mal cada año son miles quienes están dispuestos a cruzar medio mundo para conocer estas tierras dejando una importante cantidad de divisas a su paso (estamos hablando de un promedio de U$ 500 diarios por visitante).He escuchado a ciertos líderes de opinión declarar que “es preferible que estas aguas se destinen a la producción energética antes que se pierdan en el mar”, es que acaso las aguas ¿se pierden en el mar? Me parece que dichas declaraciones son un absoluto desconocimiento del ciclo del vital elemento (cuestión conocida por cualquier niño de primaria). Además puede el estado de Chile vender los derechos de uso de un agua que no le pertenece a ningún gobierno de turno en particular sino que es patrimonio no de todos los chilenos sino de toda la humanidad.
Gracias a Dios en algunos casos ha primado la cordura y una visión a largo plazo y es así como Comisión de Protección del Medio Ambiente ha declarado innegociables los derechos de agua sobre los cursos del Palena y el Cisnes, es de esperar que igual situación ocurra con los demás ríos patagónicos. Por otro lado en España la casa matriz del BBVA, hasta hace poco principal financista del proyecto HydroAysén, señaló que ha optado por retirar su apoyo a dicho proyecto debido a que su ejecución contradice la visión ambiental del banco hispano. Honestamente creo que esta decisión tiene más que ver con un estudiado plan de relaciones públicas que con un verdadero compromiso con la ecología, pero sea como sea ya es un avance.
De mi paso por este rincón austral de seguro les contaré más adelante, por el momento sólo permítanme tener un lapsus de ecologista furioso y gritar a viva voz: PATAGONIA SIN REPRESAS!
martes, 5 de enero de 2010
Las Barbas del Abuelo
domingo, 15 de noviembre de 2009
Trazos al Carbón
Los inmensos yacimientos carboníferos presentes en el subsuelo lotino la convirtieron en el motor de la Revolución Industrial en Chile a finales del siglo XIX. De la mano de la extracción minera llegaron los avances tecnológicos: en Lota se instaló la segunda central hidroeléctrica de América latina diseñada por el mismísimo Edison, fue una de las primeras urbes chilenas en contar con alumbrado público, telégrafo, luego teléfono y sala de cine. La aristocrática familia Cousiño Goyenechea, dueña del mineral, construyó mansiones que pudieron ser la envidia de cualquier príncipe europeo y el parque botánico más completo del hemisferio sur en su época. También las duras condiciones de las labores extractivas permitieron que en Lota surgieran los primeros conflictos sociales, los movimientos obreros y las reivindicaciones sindicales.
Luego de más de un siglo de explotación del carbón los lotinos no se dieron cuenta que el mundo había cambiado, quizás por permanecer sus hombres tantas horas bajo tierra horadando la roca y sus mujeres en la iglesia rezando para que sus padres, esposos e hijos regresaran a salvo a casa, recibieron como una inesperada y desagradable sorpresa la noticia del cierre de las operaciones de la mina a mediados de la década del noventa. Conceptos como “elevados costos de extracción”, “búsqueda de fuentes de energía no contaminante” y “actividad laboral de alto riesgo” les resultaban incomprensibles, solo entendían que en la mina aún quedaban miles de toneladas de carbón que podía seguir siendo extraído.
De poco sirvieron los planes de reconversión laboral impulsados por el estado y los incentivos a la instalación de nuevas empresas, el dinero de las indemnizaciones prontamente comenzó a escasear. En ese escenario paulatinamente jóvenes y viejos comenzaron a abandonar la ciudad en busca de nuevos horizontes y Lota pareció condenada a una lenta agonía que de seguro culminaría convirtiéndola en un pueblo fantasma al igual que las abandonadas oficinas salitreras del desierto de Atacama o los campamentos mineros del oeste norteamericano deshabitados una vez finalizada la fiebre del oro.
Algo cambio este sino trágico, quizás fue algún loco turista gringo interesado en vivir por un día la experiencia de internarse en las profundidades del Chiflón de Diablo, el más peligroso pique de la red de túneles que conformaban la mina principal; quizás fue algún excéntrico botánico interesado en recuperar la belleza del parque botánico de la ciudad; quizás fue algún grupo de estudiantes de sociología interesados en explorar la vida en el Chile de finales del siglo XIX.. Sea cual fuere el inicio en algún momento se abrieron los piques, se pintaron de vivos colores los antiguos galpones, se restauraron sus mansiones y se decidió rescatar el una vez glorioso pasado carbonífero.
Los mineros retirados tomaron nuevamente sus trajes olvidados y regresaron a las profundidades de la tierra ahora como guías turísticos mostrando a los visitantes las duras condiciones en que trabajaron ellos, sus padres y sus abuelos. Los jóvenes comenzaron a vestir trajes de la época victoriana, como la chica de la fotografía, con los que actualmente muestran a los turistas las bellezas y excentricidades de mansiones y jardines señoriales. De paso se reabrieron los restaurantes que recuperaron los menús olvidados hace casi un siglo y los hoteles adornados de mobiliario belle epoque.
Visitar Lota es regresar por un momento al pasado, contemplarlo como si se estuviera en un gigantesco museo viviente, aprender de él, de nuestros aciertos, de nuestros abusos, de cómo se explotó sin piedad no solo los yacimientos sino por sobre todo a los hombres que trabajaban en ellos, de cómo permitimos que muchos vivieran en la más completa miseria mientras unos pocos llevaban una vida de reyes, pero también aprender de las ilusiones de hombres que solo buscaban que sus hijos tuvieran un futuro diferente y mujeres que solo añoraban ver llegar a sus hombres cada atardecer.
Lota parece pintada en trazos de carboncillo, en blanco y negro sin matices, llena de imperfecciones, pero allí radica su belleza, y de seguro seguirá explotando su pasado por los siguientes diez mil años hasta que el carbón bajo ella termine de convertirse en diamantes.
Al abuelo que no conocí porque un día trastabilló en un embarcadero con noventa kilos de carbón en su espalda; a la tía que no conocí porque la vida se le fue en la cama de un insalubre galpón consumida por una difteria, tuberculosis o fiebre tifoidea mal diagnosticada; a la abuela que no conocí porque tanto sufrimiento terminó por llevarse su cordura y después su vida; al padre que si muy bien conocí y amé, el que a los diez años se internó por primera vez en las profundidades de la tierra, el que emigró en busca de nuevos horizontes, el que logró cambiar su suerte y el que por alguna razón misteriosa hasta el último instante de vida soñó con regresar algún día a Lota.
jueves, 15 de octubre de 2009
Claro de Luna
Hace algunos meses me interné en las profundidades de la Cordillera de Nahuelbuta con la idea de tener durante el día un estrecho contacto con la naturaleza en estado casi virginal y por las noches el que mi hijo pudiera contemplar el maravilloso espectáculo de un cielo completamente estrellado usualmente oculto para sus ojos por la contaminación lumínica de nuestras ciudades. Lamentablemente unas porfiadas nubes y una rabiosa Luna llena nos obligaron a dejar la vista de las constelaciones para otra ocasión. Aún así la naturaleza nos regaló el magnífico espectáculo ofrecido por los rayos lunares descendiendo en medio de los bosques, perfectamente plateados y tan delicados que es imposible captarlos con una cámara fotográfica.
No sé ustedes pero en mi caso la acción de la naturaleza incide directamente en mis estados de ánimo. Las soleadas mañanas primaverales me energizan, los días de lluvia copiosa me sosiegan, las puestas de sol en verano me evocan romanticismo, y los preciosos claros de Luna me provocan una extraña sensación de nostalgia, una suerte de tranquila tristeza o dulce melancolía, y al parecer no soy el único.
El escritor Edmond Rostand decidió que fuera en un “Claro de Luna” que el Cyrano encontrara la muerte mientras la misma pálida luz iluminaba las lagrimas de su amada prima Roxana quien ya demasiado tarde había descubierto quien era el verdadero autor de las letras de las que se enamoró.
Como “Claro de Luna” es comúnmente conocida la hermosa Sonata 14 en Do# de Beethoven compuesta en medio de la tristeza de verse privado del amor de Constantina Gullietta Guicciardi por razones sencillamente sociales además de comenzar a sobrellevar su sordera. Según la tradición en el primer movimiento describe calmo su amor platónico, en el segundo describe sus encuentros y en el tercero libera toda su melancolía con una vehemencia casi inusitada.
“Claro de Luna” también se llama el cuento de Guy de Maupassant en donde el testarudo cura Marignan descubre en una visión bajo la plateada luz lunar el verdadero significado del amor romántico.
Casi cien años después de que lo hiciera Beethoven el compositor francés Claude Debussy bautizó como “Claire de Lune” a una de las obras de su soñadora juventud y aunque deseo que está no se publicará por encontrarla demasiado triste y melancólica terminó convirtiéndose hasta la fecha en su creación más reconocida.
Finalmente en 1974 el cantautor cubano Silvio Rodríguez dio un respiro a sus cantos a la revolución y en contra del imperialismo para componer “En el Claro de la Luna”, una de sus más delicadas melodías y una de sus poesías mejor lograda.
De más está decir que la presente entrada la reflexione fumando un cigarrillo bajo la melancólica luz de un claro lunar y como sería largo transcribir las obras de Rostand o Maupassant y las bellas melodías de Beethoven y Debussy son imposibles de traspasar a letras les dejo los versos de Silvio.
“En el Claro de la Luna donde quiero ir a jugar
Duerme la Reina Fortuna que tendrá que madrugar.
Mi guardiana de la suerte, sueña cercada de flor,
Que me salvas de la muerte con fortuna en el amor.
Sueña, talismán querido, sueña mi abeja y su edad;
Sueña y si lo he merecido sueña mi felicidad.
Sueña caballos cerreros, suéñame el viento del sur,
Sueña un tiempo de aguaceros en el valle de la luz.
Sueña lo que hago y no digo, sueña en plena libertad,
Sueña que hay días en que vivo, sueña lo que hay que callar.
Entre las luces más bellas duerme intranquilo mi amor
Porque en su sueño de estrellas mi paso en tierra es dolor.
Mas si yo pudiera serle miel de abeja en vez de sal.
¿A qué tentarle la suerte que valiera su soñar?
Suéñeme, pues, cataclismo, sueñe golpe largo y sed,
Sueñe todos los abismos que de otra vida no sé.
Sueñe lo que hago y no digo, sueñe en plena libertad,
Sueñe que hay días en que vivo, sueñe lo que hay que callar.
Sueñe la talla del día, -del día del que fui y del que soy-
Que el de mañana alma mí lo tengo soñado hoy.”














