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sábado, 3 de octubre de 2015

Monte Grande

"Todas íbamos a ser reinas, de cuatro reinos sobre el mar: 
Rosalía con Efigenia y Lucila con Soledad...
 En las viñas de Montegrande, con su puro seno candeal, 
mece los hijos de otras reinas y los suyos nunca-jamás... 
Pero en el valle de Elqui, donde son cien montañas o son más, 
cantan las otras que vinieron y las que vienen cantarán: 
"En la tierra seremos reinas, y de verídico reinar, 
y siendo grandes nuestros reinos, llegaremos todas al mar."
(Gabriela Mistral)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Azul, Amarillo y Verde

Azul, amarillo y verde son los colores del Elqui en verano; azul, amarillo y rojo en otoño, cuando las hojas de las vides alcanzan su madurez; azul, blanco y café en invierno, cuando las montañas están cubiertas de nieve y ya sin hojas las vides desnudas muestran sus oscuros troncos. 
¡Cuantos paisajes en un mismo paisaje!

miércoles, 15 de agosto de 2012

Bendito Ocio

Supongo que debe ser está sociedad competitiva que todo lo mide en términos productivos la que ha convertido a la ociosidad casi en un pecado capital. 
Muchos de nosotros tenemos nuestras agendas laborales repletas de reuniones, viajes y demases por las próximas semanas e incluso meses; y no pasa muy distinto con nuestros días libres están reservados para almuerzos familiares, paseos, celebraciones y otros, al punto que pasar sábados y domingos sin hacer nada es casi como tener un fin de semana perdido. 
Crecimos escuchando que la ociosidad es la madre de todos los vicios, pero en los trabajólicos tiempos actuales la falta de ociosidad a engendrados vicios peores. 
Ocio y pereza definitivamente no son sinónimos, y pasar toda una tarde tendido en una hamaca en medio de un huerto bajo los cálidos rayos solares del valle del Elqui pueden ser el mejor negocio (nex ocium) a realizar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Montegrande

Chile ha tenido dos glorias en la literatura, las dos cumbres más altas dentro de una larga tradición de poetas y escritores, dos vidas tan similares y a la vez tan opuestas.
Lucila Godoy Alcayaga y Neftalí Reyes Basoalto; ambos fueron contemporáneos, ambos compartieron sus humildes orígenes en localidades rurales al pie de Los Andes, en Montegrande la primera y en Linares el segundo; ambos prefirieron ser conocidos por seudónimos, Lucila eligió para sí Gabriela Mistral en tanto Neftalí optó firmar como Pablo Neruda; en ambos su talento los hizo destacar desde muy jóvenes; ambos ocuparon importantes puestos diplomáticos; ambos fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura; ambos tuvieron una nutrida correspondencia; ¡pero que tan distintos fueron sus sentimientos a la hora de componer sus poemas!.
La mayoría de los versos de Neruda están compuestos desde la posición del eterno y adorable seductor seguro de poder lograr una nueva conquista en tanto los versos de Mistral iban desde la tristeza de la seducida y luego abandonada.
Maruca, Delia y Matilde fueron las musas que inspiraron a Pablo, todas lo amaron, fue él el que dejó a las dos primeras para finalizar sus días junto a la “Chascona”, como cariñosamente apodaba a Matilde Urrutia el gran amor (o al menos el final) de su vida.
Juan Jerónimo, Alfredo, Romelio, Yin Yin y Doris, inspiraron los versos de la Mistral. El primero es el padre que la abandonó siendo pequeña; Alfredo fue su amor de adolescencia, aquel 20 años mayor que nunca se decidió a establecer en términos serios su relación; Romelio es el amor naciente que termina cuando este se suicida; Yin Yin es el sobrino, criado como un hijo, cuya vida también acaba en el suicidio; y Doris Dana fue finalmente el gran amor, la que la acompañó hasta el fin, la que la “quizo pa’bien”, pero a la que debió siempre ocultar porque a mediados del siglo XX ni Nueva York ni Santiago estaban preparados para aceptar un amor lésbico.
En mi apreciación la forma de ver el amor de Neruda se ve hermosamente plasmada en el que a mi gusto es su mejor verso “Pido Silencio” en donde declara que cambiaría la primavera tan solo porque los ojos de Matilde lo miren, y la más hermosa muestra de amor de Gabriela Mistral paradojalmente nace de la muerte luego del suicidio de Rogelio Ureta, es el verso con el que se hizo reconocida y también es el verso que en quizás un sino trágico marcará el futuro de sus afectos.

“Del nicho helado en que los hombres te pusieron.
Te bajaré a la tierra humilde y soleada,
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
Y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
Dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
Y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
Al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
Y en la azulada y leve polvareda de Luna,
Los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡Porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
Bajará a disputarme tu puñado de huesos!”

Verso I de los Sonetos de la Muerte