jueves, 8 de enero de 2015

Lithium

Es interesante que la primera invasión extranjera de territorio chileno, a manos del imperio Inca, se produjo a través de la zona de los salares en el desierto de Atacama. El Cusco estaba interesado en controlar la producción agrícola de las prosperas terrazas andinas que en esos siglos, sin los recursos hídricos orientados a la minería, eran crecientes vergeles. Ese mismo camino luego lo seguirían los conquistadores españoles. 
Luego de la independencia también a través de los salares comenzó la conquista económica de las potencias europeas y sobre todo Inglaterra interesada en controlar el negocio del salitre y que terminó provocando el conflicto con Perú y Bolivia en 1879 y la posterior guerra civil doce años después. 
Pasó casi un siglo para que otra potencia extranjera, esta vez Estados Unidos, pusiera sus ojos en los recursos cupríferos de Atacama. La posterior nacionalización del cobre hecha por Slavador Allende terminó desencadenando el plan de la CIA para derrocar el gobierno socialista con el subsecuente golpe militar y los diecisiete años de dictadura. 
Hoy el triángulo de los salares compuesto por Uyuni en Bolivia, Hombre Muerto en Argentina y Atacama en Chile concentran el 85% de las reservas de litio a nivel mundial. Ninguno de los tres países ha tomado medidas concretas no sólo para proteger sus recursos o recibir el royalty adecuado por su explotación, sino también para preservar el ecosistema de los ricos humedales al interior de los lagos de sal. 
Al parecer estamos de brazos cruzados esperando una nueva conquista económica extranjera.

miércoles, 7 de enero de 2015

Columpio Austral

Da lo mismo si es un parque en el barrio alto de Santiago, una plaza en un cerro porteño, un pueblito en el altiplano, un potrero en medio del campo o una pequeña playa pérdida en los fiordos. Con sólo un par de cordeles cualquier niño puede ser feliz.

martes, 6 de enero de 2015

Porcelanas

Hace unos días quebré un plato. Era un plato blanco y redondo de loza, obviamente fue sin querer, pero hice lo que se hace cuando quiebras un plato blanco y redondo de loza: tomas los restos y lo botas al tacho de la basura; luego vas a la tienda y compras otro plato blanco y redondo de loza que seguramente algún tiempo después también terminará estrellado contra el piso, Usualmente es el intrascendente final de los platos blanco y redondos de loza. 
Distinto era el caso de esos tazones de fina cerámica labrada y pintada a mano que mi madre heredó de la suya. En ese caso cada quebrazón dolía en el alma, incluso en la medida de lo posible se trataban de reparar con algún adhesivo líquido aunque después solo sirvieran como adorno. 
Pero hoy usamos platos blancos y redondos de loza que nadie lamenta perder, así es la vida moderna… en todo.

lunes, 5 de enero de 2015

YanKee Way

El nombre correcto de este lago que marca el límite entre la Araucanía y la Patagonia es Llanquihue que en mapudungún significa “lugar escondido”; Yankee Way es el nombre con el que un simpático gringo bautizó un lodge en el límite sur del ojo de agua aprovechando el juego de palabras resultante. 
Pero más allá de la ocurrencia de este emprendedor enamorado de nuestros lagos, el Yankee Way (la fórmula yankee) parece ser una constante en un país donde se suele ir de “shoping” al “mall”, se vacaciona en un “resort”, el café de media mañana se acompaña de un “muffin”, “cup cake” o “cheese cake”, se comparten tragos después de la oficina en un “after office” o junto a una piscina en un “pool party”, y se ejercita mediante el “runing” o “body combat”; para que hablar del lenguaje empresarial donde términos como “management”, “perfomance”, “endurance”, “pos” (poin of sale), “look and fill”, “payback”, y un sinfín de etcéteras son de uso cotidiano 
Esto no tiene NADA que ver con pretender ser un país bilingüe o con vocación turística, los hecho demuestran que somos el que menos maneja un segundo idioma al interior de la OCDE y difícilmente podemos dar a un gringo las indicaciones para que llegue a un paradero de buses. 
Es paradojal que siendo herederos de la lengua de Cervantes, Neruda y Cortazar intentemos a cada instante reemplazarla con aforismos que con suerte entendemos. Sería bueno de tanto en tanto recordar que: Aquí se habla español.

domingo, 4 de enero de 2015

Las Callecitas de Buenos Aires

“Las Callecitas de Buenos Aires tienen ese Qué se yo…” La frase de Balada para un Loco de Piazzolla la escuché desde pequeño merced del gusto de mi viejo por los tangos; y de todo lo que Baires significará, y es que él al igual que muchos estaba convencido de que era una ciudad mágica.
¿Esa magia realmente existe?
La última vez que visité la capital Argentina fue en compañía de una persona dotada de una punzante, y acertada, ironía. Mientras caminábamos por Corrientes me decía “Esto es igual a Santiago Centro”; Puerto Madero era igual a Vitacura, La Boca a Mapocho, Palermo a Lastarria, y objetivamente así es. Buenos Aires nos es muy distinto a Santiago, o a Sao Paulo, o a lo que conozco de Montevideo y Lima, y quizás lo único distinto son sus avenidas más anchas que el promedio lo que ayuda a tener una mejor perspectiva del patrimonio arquitectónico que en otras urbes suele quedar atrapado por la sucesión interminable de calles estrechas y edificios de altura.
Entonces quizás esa magia bonaerense nace en ese sano nacionalismo propio de los argentinos; y es que desde pequeños son condicionados para amar y defender lo propio como si fuera lo mejor del mundo; y en ese sentido de más está decir que Charly o Diego pueden armar el “quilombo” que se les venga en gana y sus connacionales nunca dejarán de rendirles pleitesía.
En la literatura mientras Isabel Allende ambienta sus historias en lejanas latitudes, Vargas Llosa describe perdidos rincones del Perú, y García Márquez en lugar de elegir como protagonista de su obra cumbre a Bogotá, Medellín, o su amada Cartagena optó por inventarse un pueblo, Macondo. Sin embargo en Argentina Borges transforma a Buenos Aires en un lugar mágico, de la misma forma que Cortázar la eleva a un sitial similar al de Paris.
Parecido ocurre en la música en donde desde el referido tango de Piazzolla a lo último de Fito Paez, pasando por “La Ciudad de la Furia” de Ceratti, sobran las referencias a una ciudad mágica, misteriosa, bohemia, que te hace la guerra de día y el amor de noche.
Entonces la magia de Buenos Aires realmente está en el amor que los mismos bonaerenses le profesan, del que son embajadores y del cual nos han convencido. Tan distinto a lo que ocurre al otro lado de Los Andes donde los santiaguinos tan solo esperamos la ocasión para arrancar de nuestras callecitas.

viernes, 2 de enero de 2015

Tatatela (Republicación del 20/10/09)

Pocos día atrás me encontraba, como es habitual, tomando fotografías de Valparaíso y en una esquina me topé con un simpático muchacho que aprovechaba las luces rojas de un semáforo para ganarse alguna propina entreteniendo a los automovilistas haciendo malabarismos con tres antorchas encendidas.Consideré la situación una ocasión perfecta para capturar algunas escenas urbanas costumbristas pues ya se ha hecho una tradición, casi parte de nuestro folklore, el que en nuestras ciudades un buen número de jóvenes, especialmente estudiantes de artes escénicas, se ganen la vida realizando actos circenses en la vía pública.Lo oscuro de la locación, el destello del fuego en la penumbra, la rapidez de movimiento del malabarista y las luces de los autos que circulaban en sentido contrario significaron un duro reto para mí cámara y debí pasar varios minutos ajustando el enfoque, controlando el obturador, abriendo o cerrando el diafragma y una serie de otros tecnicismos que no son lo medular en estas líneas.El punto es que sin darme cuenta no fue una o dos sino veinte o treinta luces rojas del semáforo con sus respectivas presentaciones artísticas las que estuve fotografiando y en la misma medida que me fui absorbiendo y abstrayendo en la captura de imágenes comencé a literalmente alucinar con los acrobáticos movimientos (y puedo asegurarles que no suelo consumir ninguna sustancia alteradora de conciencia).La cámara congelaba el destello de las flamas de las antorchas hechas girar, arrojadas al aire y luego recogidas. Estos destellos parecían verdaderos trazos de luz en medio de la oscuridad. Por un momento me pareció contemplar a un alocado pintor expresionista lanzando furiosas pinceladas sobre su lienzo, o a un vehemente director de orquesta dirigiendo con su batuta algún concierto de Rachmaninov, o quizás a un psicodélico Sid Barret componiendo los acordes que luego plasmaría en las primeras canciones de Pink Floyd, o tal vez a un anciano caligrafista japonés dibujando sus exquisitas letras con una pluma luminosa.Mientras me encontraba absorto en mis alucinaciones el protagonista de mis fotografías se me acercó y con voz cálida y alegre me dijo: “le pido por favor que me envía las fotos que salgan más linda a mi mail, mi correo es tatatela@etc,etc,etc”. En ese momento volví al mundo real y me di cuenta que me encontraba tan solo observando el arte circense de un muchacho sencillo que solo pretendía entretener, ganando algún dinero en el proceso, a un grupo de cansados automovilistas en medio de su retorno a casa luego del trabajo, los mismos que tan solo en un par de calles más olvidarían por completo el espectáculo observado.Intenté enviarle las fotos vía mail pero el correo me arrojó dirección errónea, tampoco lo he vuelto a encontrar en la misma esquina de las avenidas Argentina y Errazuriz.
No sé si algún día podrá ver las fotos que le tomé ni qué impresión le causarán, de lo que si estoy seguro es que ni siquiera sospecha el exquisito instante de delirante alucinación que me obsequió.

jueves, 1 de enero de 2015

Jacaré

La simpatía y entusiasmo del garzón terminó por convencerme: si estaba en Iquitos no me podía ir sin probarlos. 
Aquellos nuggets de caimán estaban sencillamente deliciosos. Carne suave pero firme con un gusto que recuerda a la de ave pero de sabor más intenso perfectamente apanada en quínoa acompañada de papata yuca y mango. 
Habían pasado tres días y el petepete en el que viajaba avanzaba por el curso del río Itaguayo. Allí fue donde lo vi, su brillante piel acorazada, su sigiloso andar y sus amarillentos ojos en los que descubrí estaba escrito mi karma. Simple cuestión de justicia, ojo por ojo y diente por diente. 
Inmediatamente regresé a Iquitos y tomé el primer avión que me regresara al reino del concreto lejos de cualquier río. 
Viéndole el lado positivo puedo fumar sin culpa, a fin de cuentas sé que no moriré de cáncer; aunque cada cierto tiempo recuerdo que en cualquier momento desde una cloaca aparecerá él dispuesto a que saldemos cuentas.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Camino en el Salar

Te he visto caminar por las callejuelas de los cerros porteños; por sendas empedradas en una isla en medio del altiplano; por entre bosques de coigûes y araucarias en tierras lafkenche; por playas interminables marcadas por leyendas de brujos; por puentes de madera sobre aguas turquesa en el fin del mundo; por entre salares y fumarolas en la cima de Los Andes… Todas esas sendas las elegí yo, pero el principal camino está solo en tus manos.