La Ñuque Mapu, madre tierra, ha dado a luz miles de veces. De ella vienen los lagos, ríos, volcanes, montañas, costas, valles y los seres que allí habitan. Pero es una mujer, vanidosa y pudorosa como muchas, por eso solo cuando el sol está bajo a primeras horas de la mañana o a la hora del atardecer es cuando nos deja ver sus estrías huellas de mil embarazos.
viernes, 16 de agosto de 2013
miércoles, 14 de agosto de 2013
El Valle del Bayo
El Valle del lago Bayo es alguna forma como “La libertad guiando al pueblo”, el más famoso cuadro del pintor galo Eugene Delacroix e icono visual de la revolución francesa.
El punto es que nadie o muy pocos de quienes visitan la colección pictórica del Louvre lo hacen pensando en ver el cuadro inspirados en los acontecimientos que acabaron con la monarquía en Francia. Quienes llegan hasta allá lo hacen por ver La Gioconda, la más famosa de las obras de Da Vinci. Una vez que se cansan de mirar su enigmática sonrisa se dedican a ver el resto de la colección del museo parisino descubriendo magníficas piezas como la referida pintura de Delacroix.
Quienes emprenden el intrincado camino que va desde Puerto Tranquilo, a un costado del Lago General Carrera, hasta Bahía Elefantes lo más probable es que ni siquiera sepan de la existencia del Lago Bayo y realizan la travesía con el único objetivo de acceder a un pequeño mirador sobre un promontorio rocoso que permite contemplar el inicio de Campos de Hielo Sur, la cumbre del Monte San Valentín y el imponente Glaciar Exploradores.
Pero una vez que los visitantes se cansan de observar el reino de los hielos eternos descubren la hermosa sorpresa a sus espaldas: un enorme valle de origen glaciar dominado por un lago turquesa que tiene el gran merito de ser el último reducto de dominio de la selva patagónica antes de entrar más al sur al mundo de los ventisqueros, fiordos y estepas.
No importa cuán impresionante sea lo que está frente a ti, también vale la pena mirar lo que dejaste a tus espaldas.
lunes, 12 de agosto de 2013
Entre Cientos de Miradas
Michael Freeman, uno de los máximos gurús de la fotografía de reportaje, en alguno de sus libros comentó que lejos lo más difícil de fotografiar eran los rostros. No tanto por la técnica como por lo reacia que es la mayoría de las personas a dejarse captar por un extraño o por lo fingidas y poco naturales que suelen ser las poses de quienes aceptan la proposición.
Eran las fiestas de año nuevo del 2011, miles de personas repletaban la Plaza Sotomayor de Valparaíso en espera de los fuegos pirotécnicos. Yo me dedicaba a buscar con mi teleobjetivo algún rostro en la multitud, y siguiendo los vaticinios de Freeman la mayoría o se ocultaba al ver el lente frente a ellos o ponía esa clásica “cara de foto”.
Y así entre cientos de miradas que se ocultaban o que fingían apareció esta.
sábado, 10 de agosto de 2013
Downtown
Algún tiempo atrás trasladaba en mi automóvil a Lance y Martin, dos ejecutivos de la compañía estadounidense a la que mi empresa representa en Latinoamérica. Los tres íbamos a una reunión en las oficinas de un edificio corporativo en pleno centro de Santiago.
Finalizada la reunión ambos norteamericanos me pidieron si podíamos dedicar un tiempo a recorrer las calles del “Downtown”, como suelen llamar en gringolandia a las zonas céntricas de las ciudades. En el par de horas que dedicamos al asunto los dos quedaron asombrados con la arquitectura, el comercio, el colorido de kioscos y artistas callejeros y una estética que según ellos les recordaba el casco antiguo de Chicago.
Cada vez que viajeros de negocios como Lance y Martin visitan nuestro país son recogidos en el aeropuerto y trasladados por las autopistas urbanas hasta algún hotel en el barrio alto capitalino. Luego son llevados a cenar en lujosos restaurant en los centros gastronómicos de Borderío o Vitacura, al día siguiente asisten a reuniones en los edificios corporativos en la ciudad empresarial y así hasta que finaliza su estadía en el país.
Cuanto de lo nuestro, cuantas cosas que merecen ser mostradas quedan sin ser vistas! Cuanto me he perdido de conocer y fotografiar cuando he visitado Asunción, Sao Paulo o Montevideo sencillamente porque mis anfitriones han tratado de mostrarme la supuesta mejor cara de su ciudad!
Cuando reciba visitas del extranjero no decida por ellos, corra riesgos y muéstreles como es de verdad nuestra ciudad.
jueves, 8 de agosto de 2013
Salar
Algo ocurre con lo agreste, con lo inhóspito, con aquellos lugares hechos por la naturaleza casi pensaos para que el hombre no se enseñoree de ellos.
Tomemos por ejemplo San Pedro de Atacama, uno de los principales destinos turísticos del conosur. Quizás el pueblo en si sea pintoresco y policultural, pero quienes llegan hasta allá no lo hacen tan solo para tener una entretenida conversación con viajeros de distintas partes del mundo, lo hacen para conocer el Valle de La Luna y el Valle de La Muerte, dos depresiones donde la temperatura en el día se acerca a los 40 C° con tal cantidad de sal presente en el sustrato que en ellos no habitan ni siquiera las bacterias; los Geyser del Tatio, que ebullen a más de 100 C° y para verlos en su esplendor es necesario arribar al lugar antes del amanecer soportando temperaturas bastante bajo cero y sus 4321 msnm; el Salar de Atacama, una gigantesca extensión del tamaño de algunos países europeos cubierta por gruesos cristales salinos en donde bastan unos poco minutos para comenzar a ser presa de los espejismos producidos por el sol; y sin embargo a ratos estos lugares son tan transitados como cualquier boulevard capitalino.
Lo mismo ocurre con las cumbres de Los Andes, los ventisqueros y fiordos patagónicos, la insoportablemente húmeda selva amazónica, y un sinfín de lugares donde nuestro cuerpo lo único que desea es huir mientras nuestra mente permanece extasiada.
Tal vez es en esos lugares donde nos damos cuenta de la insignificancia del hombre frente a la naturaleza y esa constatación nos produce la enorme paz de haber encontrado nuestro justo lugar en el cosmos.
martes, 6 de agosto de 2013
González sin Narea ni Tapia
Hay bandas que trascienden a sus integrantes y hay músicos que trascienden a sus bandas.
Paul McCartney siempre será un ex Beatles; es impensable ver a Bono en un rol musicalque no sea el de vocalista de U2; por contraparte Robbie Williams es mucho más que Take That, lo mismo que Morrisey en relación a The Smith; y en la música latina cuando vemos a Vicentico poco extrañamos a Los Fabulosos Cadillacs.
Cuando la banda nacional Los Prisioneros se separó por primera vez a inicios de los ’90 su líder y vocalista, Jorge González, intentó un camino solista con una propuesta musical absolutamente alejada de lo hecho con la banda de sanmiguelinos. El resultado paso sin pena ni gloria y González se transformó en un personaje que parecía tratar de mantener lo contestatario de sus orígenes a costa de criticar y protestar contra todo lo que se cruzara por delante.
Hacia inicios del nuevo milenio Los Prisioneros se vuelven a reunir, tal como ellos mismos reconocieron, sencillamente para ganar el dinero que no pudieron ganar en sus tiempos de presentaciones subterráneas escondidos de la censura de la dictadura. Y vaya que lo hicieron bien llenando estadios, haciendo extensas giras y transformando sus álbumes ahora remasterizados en topes de lista.
La historia se repitió y nuevamente la banda volvió a disolverse en medio de mutuas rencillas, pero esta vez González optó por un camino distinto. En lugar de tratar de demostrar al mundo su faceta de músico vanguardista se dedicó a hacer lo que mejor sabe hacer y de hecho lo que nadie sabe hacer como él: cantar canciones de Los Prisioneros.
Jorge González ha aprendido a llenar el escenario de tal forma que a los pocos segundos dejas de notar que Narea y Tapia ya no están tocando junto a él.
Quizás lo ha favorecido que muchos de los temas contingentes de los años ’80 han vuelto a reflotar en esta época de múltiples indignados, quizás lo ha favorecido contar con una fanaticada que se renueva día a día o quizás, sencillamente, es el máximo rockstar de nuestra historia.
domingo, 4 de agosto de 2013
Chelle
La gaviota capucho café, gaviotín, chelle o gaviota cahuil, como es conocida en Chile, suele anidar en colonias en zonas pantanosas construyendo nidos flotantes con juncos y otras plantas acuáticas donde coloca entre dos y cuatro huevos.
Lo interesante es que el pato cabeza negra suele depositar sus huevos en los nidos de los chelles para que estos incuben sus pichones los que luego de nacer se independizan inmediatamente de sus padres adoptivos.
En este punto el lector de seguro espera que haga una analogía de lo anterior con el quehacer cotidiano, pero la verdad solo quería compartir un dato curioso.
viernes, 2 de agosto de 2013
Colores Amerindios
Hace quinientos años la dignidad se vestía de vivos colores.
Caciques, guerreros y chamanes no dudaban en mostrar y demostrar sus rangos ataviándose de coloridas vestimentas y vistosos tocados de pluma. Hasta los más humildes campesinos teñían o bordaban sus trajes con vívidos motivos.
Cada bordado, cintillo o joya narraba desde importantes acontecimientos hasta los más cotidianos eventos.
Luego, miles de litros de sangre mediante, se impuso la lógica europea donde la supuesta piedad y dignidad se vestían de riguroso negro eclesiástico. En ese momento lo que conocemos como elegancia se tiñó para siempre del más profundo y aburrido gris.
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