lunes, 18 de marzo de 2013

Neoclasicismo Porteño

A lo largo de la historia siempre ha existido una suerte de capital mundial, una megalópolis a la cual el resto de sus provincias, directas o tácitas, sigue. En un comienzo fue Roma y desde las islas británicas al medio oriente el mundo conocido se llenó de coliseos, hipódromos y anfiteatros. 
Para quienes somos sudamericanos este imitar a la metrópolis nació junto con la Conquista y era lógico esperar que los recién llegados quisieran revivir en el Nuevo Mundo las calles de Sevilla. Hacia finales de la Colonia la idea era parecerse a Marsella, luego vino la Reina Victoria y cada barrio aristocrático era un pequeño Londres. 
 El primer centenario de la emancipación americana llegó casi en conjunto con la Belle Epoque. Con un siglo de vida independiente las naciones consideraron que había llegado el momento de darle forma y cuerpo a su institucionalidad motivando que las construcciones neoclásicas al más puro estilo parisino se adueñaran de las urbes americanas. 
Más tarde vendría la supremacía de Chicago, y díganme si es que al andar por el centro de Santiago o Valparaíso no se sienten inmersos en una película de gangster, hasta llegar a nuestros días donde cada rincón aspira a convertirse en un nuevo Manhattan. 

 Como siempre la arquitectura va de la mano con la economía, como siempre queremos hacer sentir en casa a los dueños del fundo, y así como van las cosas quizás sería bueno que nuestros diseñadores y arquitectos empiecen a aprender a levantar pagodas.

sábado, 16 de marzo de 2013

Vigilante en las Cornisas

Hace algunos años una “vieja” sabia a quien admiro muchísimo, me dijo que cada mañana hay que darse el tiempo de sentir el calor o el frío en el rostro y luego avanzar siempre con la frente muy en alto, no por orgullo sino para descubrir lo que el día tiene para mostrarnos. Pero desde el advenimiento de la hiperconectividad y de los teléfonos inteligentes cada vez alzar la vista resulta más difícil, por el contrario cada vez el incesante flujo de información, la creada necesidad de mantenerse “online”, la creada necesidad de compartir los que nos está sucediendo o enterarnos de lo que otros comparten nos obliga a mantener nuestra vista gacha sumergida en las pantallas de nuestros dispositivos. 
Lo anterior no es una crítica sino la simple constatación de un hecho, pretender que ello cambie resulta casi absurdo. 
En medio de la naturaleza recobramos en parte la capacidad de maravillarnos quizás exclusivamente porque usualmente al interior de un parque nacional, en una playa recóndita o en lo alto de la cordillera no contamos con señal de telefonía. Por lo mismo es la ciudad la que pasa cada vez más desapercibida a nuestros ojos, son esos pequeños tesoros que cuelgan desde los ventanales o se alzan sobre los pórticos los que cada vez resultan más desconocidos y por lo mismo sorprendentes. 
Curiosamente, en la actualidad la tarea de quienes admiramos la arquitectura y el entorno urbano consiste en capturar esas cotidianas sorpresas en nuestras cámaras digitales para después levantar dichas imágenes al ciberespacio, sólo de esa forma la ciudad podrá ser descubierta por quienes transitan en ella. Quizás así quienes transitan por la calle Lastarria a pocos metros de Merced puedan descubrir a este juglar que a tres metros de altura nos vigila entre las cornisas y las enredaderas, porque querámoslo o no es internet quien nos cuenta lo que está ocurriendo justo encima de nuestras cabezas.

jueves, 14 de marzo de 2013

Walking on the Steam

Es paradojal que en el mismo país que se precia, hasta la majadería a ratos, de contar entre sus hijos a uno de los máximos exponentes de la lengua hispana en el último siglo, me refiero a Pablo Neruda, las personas hagan un “break” pata tomar café con “muffin”, a la salida del trabajo algunos se dediquen al “running”, otros vayan de “shoping” al “mall”, otros opten por celebrar un ”after office” en algún local con “happy hour”, y en las vacaciones muchos las pasen en un “resort & spa”. 
Nuestra necesidad de vender la marca Chile a mercados de mayor poder adquisitivo, ya sea para atraer inversionistas o turistas, ha hecho que de tanto mirar para allá hayamos dejado de morar hacia acá, y al parecer la hospitalidad se ha convertido en un querer hacerles sentir literalmente como en casa, con su mismo estilo de vida, sus mismas modas y su mismo idioma. 
La pregunta es si es eso lo que un extranjero desea ver al visitar nuestro país y se me viene a la mente el caso de un importante empresario mexicano que contaba que cierta frustración que en su paso por Chile en cada reunión era recibido con mariachis, tacos y tequila. “De haber sabido que iba a ser así mejor hubiera hecho una video conferencia desde el DF” fue su comentario final. 
En la actualidad la principal campaña de nuestro Servicio Natural de Turismo lleva por titulo “This Is Chile”, y como es lógico pensar está orientada casi exclusivamente a un público angloparlante. Cada video y cada afiche publicitario están repletos de imágenes de jóvenes caucásicos dedicados a “walk on the steam of geysers”, “view the miracle of flower in the desert”, “enjoy the best wines in the world”, “discover the magic of the Island”, “climb an ancient and snow covered volcano”, y asi un largo etcetera de sugerentes frases con su respective apoyo audiovisual. 
No me mal interpreten, encuentro fantástico que nuestro país se dé a conocer en el exterior, pero cuando en época de vacaciones nuestros aeropuertos colapsan por la multitud de personas ansiosas de irse a otras latitudes quiere decir que algo estamos haciendo mal con nuestro mercado interno. 
Alguien me dirá que las cifras demuestran que en la última temporada estival más de la mitad de nuestra población se trasladó dentro del país por motivos vacacionales, pero al analizar los números en detalle es fácil notar que la cifra se infló con personas que cada fin de semana durante todo el verano viajó a las playas cercanas a Santiago. 
Lo cierto es que son porcentualmente pocos los chilenos que han caminado entre los vapores humeantes de los geyser del Tatio, que han visto millones de estrellas en lo alto del Elqui, que han navegado entre los témpanos desprendidos de un ventisquero o que al menos saben dónde queda específicamente Caleta Tortel, Cochamó, Curarrehue o Mamiña, y les aseguro que un europeo recién llegado sabe perfectamente como ubicarlos en un mapa y como llegar allí. 
Nuevamente alguien dirá que el valor de los viajes es uno de los principales factores que inhibe el turismo interno y que es más fácil pagar un viaje al Caribe en las 48 cuotas que ofrecen las agencias de viaje pertenecientes al retail, pero poniéndonos la mano en el corazón lo cierto es que la gran mayoría de quienes aducen el tema costos ni siquiera han analizado detenidamente cuanto gastarían en recorrer algún punto de nuestro país y créanme que al hacerlo se sorprenderán por los resultados. Un viaje bien planificado no es más caro que una semana en Punta de Cana o Cancún. 
Tengo la sensación que en un futuro próximo nos encontraremos en algún aeropuerto extranjero viendo casualmente alguno de los videos promocionales de nuestro país y terminaremos diciendo “¿Is this Chile?” 

Paradojalmente uno de los poemas más famosos de Neruda, conocido popularmente como “Amo el amor de los marineros que besan y se van”, lleva por titulo “Farewell”.

martes, 12 de marzo de 2013

Albarrán y la Leyenda del Vale Callampa!!!

Cuenta la leyenda que cierto día de mediados de los años noventa Ruben Albarrán, líder de Café tacvba, tomó un taxi en el centro de Santiago de Chile y quedó maravillado por una “rolita” que sonaba en la radio. Esa rola era “Amor Violento” de Los Tr3s y Albarrán no tarde en trabar amistad con los integrantes de la banda chilena. 
Cuenta la leyenda que tiempo después el mismo Albarrán caminaba por las calles santiaguinas junto a Alvaro Henríquez, líder de Los Tr3s, cuando desde la vereda contraria un tipo grita: “Café Tacvba vale callampa!!!”
Cuenta la leyenda que ante cierto desconcierto de Albarrán, Henríquez entre risas le explicó que “Vale Callampa” es un chilenismo que implica que algo es extremadamente bueno. Cuenta la leyenda que mucho tiempo después Albarrán descubrió que en realidad la expresión “Vale Callampa” implica que algo es absolutamente malo e insignificante. 
Cuenta la leyenda que el 2002, luego de la disolución aparentemente definitiva de Los Tr3s, Albarrán y los demás integrantes de Café Tacvba deciden grabar un disco tributo a la banda sudamericana y no dudan en titularla “Vale Callampa!!!”.

domingo, 10 de marzo de 2013

Pariente Pobre

La suerte para el Gallinazo (Coragyps atratus) y su primo el Cóndor (Vultur gryphus) resulta ser bastante distinta a pesar de que ambos pertenecen a la familia de los buitres, se alimentan de carroña y quizás sus únicas diferencias estén en la cresta que corona la cabeza de los machos y unas cuantas plumas blancas en el cuello. 
Contemplar un cóndor planeando entre los riscos de los Andes resulta el coronario perfecto a un día de excursión en la montaña, en tanto observar el vuelo de un gallinazo sobre la sequedad de la pampa pareciera presagiar un sino trágico a una caminata en el desierto. 
El cóndor está presente en los emblemas patrios de la mayoría de los países en Sudamérica a la vez que equipos deportivos, expediciones e instituciones buscan asociarse con su imagen. Por su lado el gallinazo, más conocido por su apodo de “Jote”, es asociado casi a todo aquello que es despreciable. 
Al parecer también en el mundo de las aves el lugar donde se vive y unas cuantas plumas claras pueden marcar la diferencia en el cómo te ven y cómo te tratan.

viernes, 8 de marzo de 2013

Guachacas del Liberty (Republicación del 10/08/09)

Como muchas cosas en la vida esta fotografía no fue gratuita, a cambio de posar para ella estos parroquianos del Liberty, el más antiguo de los bares de “mala muerte” en Valparaíso, me exigieron invitarles los que seguramente eran a esa altura los undécimos vasos de pipeño, un vino blanco de extremo dulzor y bastante embriagador, que se tomaban en el día a la vez de acompañarlos algunos minutos en su amena conversación. Ambos, personas humildes, inocentes pero astutos, algo sino bastante dados a la bebida, sin rumbo fijo, amantes del tango y el bolero, bohemios de bajo presupuesto, corresponden a la perfección a lo que en Chile denominamos coloquialmente “Guachaca”. 
Es interesante detenerse en la evolución que el término ha tenido en el tiempo. Derivado del quechua huajcha kay = ser pobre, era la forma en que los incas denominaban como es lógico suponer a las clases menos acomodadas, luego avanzada la modernidad el alcoholismo se convirtió en el principal problema social en los sectores marginales por los que el término fue heredado por los amigos de la bebida, finalmente hacia los años de represión durante la dictadura militar en Chile los intelectuales de izquierda hicieron de los clandestinos antros de venta de alcohol sus lugares de reunión transformándolos en refugio del libre pensamiento que combinado con el permanente ambiente de celebración que las copas de más suelen provocar terminó por constituir lo que hoy en mi país es la bohemia popular también llamada “Cultura Guachaca”. 
Bastante se ha escrito del asunto, han surgido infinidad de defensores y detractores, más de algún sociólogo ha tratado de analizarlos, entenderlos y clasificarlos. Para muchos el Guachaca es aquel que con una botella de vino, dos vasos y una buena conversación es capaz de arreglar el mundo. Otros los consideran los legítimos herederos de la revolución francesa pues sus ideales se resumen en Libertad, Igualdad y Fraternidad, en tanto para otros es una forma de vida decadente, carente de ambición y en algunos casos bastante autodestructiva. 
Personalmente, y obviando lo que respecta a los excesos con la bebida, me quedó con la forma en la que el cantor popular, poeta y renombrado guachaca Dióscoro Rojas los define: “los guachacas somos sencillamente almas humildes que sólo anhelamos tres cosas en la vida para ser felices: una mujer a la que amar, un amigo al que abrazar y una casa que pintar cada primavera”. Visto desde ese punto de vista soy un guachaca por esencia.

jueves, 7 de marzo de 2013

Ocaso del Barón

Podremos preservar el pasado pero jamás podremos hacerlo presente. 
En muchas ocasiones el interés por preservar el patrimonio histórico choca con la realidad práctica. Nadie hoy por hoy pensaría en cruzar el Atlántico en carabelas o en transitar por las autopistas en un Ford T, lo que no quita que admiremos réplicas y originales de dichos medios de transporte en algún museo o sitio conmemorativo. 
Bastante se ha hablado en Valparaíso sobre el abandono y paralización de sus tradicionales ascensores, en realidad funiculares, uno de los principales atractivos patrimoniales de la ciudad. Mucho también se ha hablado sobre las demoras del municipio y del gobierno para ponerlos nuevamente en funcionamiento. Mucho también se ha hablado sobre el aprovechamiento político de reinagurarlos justa en época de elecciones alcaldisias. Pero de lo que no se ha hablado es de si de verdad su puesta en funcionamiento es necesaria. 
Cuando la mayoría de los funiculares entró en funcionamiento, a principios del siglo XX, lapoblación de Valparaíso no superaba la centena de mil y quienes vivían en los cerros en su gran mayoría lo hacían en las laderas iniciales hasta la cota cien por lo que los ascensores les resultaban vitales para su desplazamiento. En la actualidad el grueso de los habitantes del puerto viven varios kilómetros cerro arriba más allá de donde llegan los referidos funiculares por lo que su uso es absolutamente inviable, mucho más práctico les resulta tomar un micro o colectivo en el plan de la ciudad que los dejará en las puertas de sus casas.
Reconozcámoslo, el día de hoy los únicos que usan los ascensores son los turistas y los visitantes capitalinos de fin de semana, y con salvedad de los emplazados en los cerros Alegre y Concepción el resto es bastante poco usado por los porteños. Quizás sea necesario preguntarnos si es necesario mantenerlos en funcionamiento vendiendo a los extranjeros una romántica idea que a la práctica tiene poca vigencia actual.

domingo, 3 de marzo de 2013

La Vid y el Vino

“Vino color de día, vino color de noche, Vino con pies de púrpura o sangre de topacio, 
Vino, estrellado hijo de la tierra Vino, liso como una espada de oro 
Suave como un desordenado terciopelo 
Vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, 
Nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, 
Coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. 
A veces te nutres de recuerdos mortales, 
En tu ola vamos de tumba en tumba, 
Picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lagrimas transitorias, 
Pero tu hermoso traje de primavera es diferente, 
El corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, 
Nada queda dentro de tu alma inmóvil. 
El vino mueve la primavera, crece como una planta de alegría, 
Caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto, 
Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, 
Dijo el poeta, 
 Que el cántaro vino al beso del amor sume su beso.” 

 Pablo Neruda (quien más!)