lunes, 7 de abril de 2014

La Familia de Melina

¿Dónde comienza la pobreza?, ¿Qué es una vida digna?, ¿Cuándo cruzamos el umbral del lujo, del culto a los superfluo? 

Hace un par de meses viajaba en una detartalada embarcación por el curso alto del río Tahuayo, uno de los afluentes del Amazonas peruano. Hacia el tercer día de travesía nos encontrábamos a medio camino entre los caseríos de Buena Vista y San Pedro cuando atracamos junto a un par de chozas en el margen occidental del río. 
La intención de quienes viajábamos en el “Dawn on the Amazon” era caminar y conocer las zonas de selva inundable pero una intensa lluvia monzónica nos obligó a buscar refugio en la casa de Marcial, un agricultor de la zona. Allí fue donde conocí a Melina, su esposa, y el resto de su familia, los que en el piso de su casa alzada varios metros sobre el suelo con gruesos pilotes de madera para evitar los a veces diez metros de aumento del nivel del río en temporada lluviosa pasaban las horas en una casa prácticamente sin paredes y con techo de ramas de palmera tan bien tejido que resultaba absolutamente impermeable para el diluvio que tenía lugar afuera. 
A pesar de lo dura de aquella vida no podría clasificar a esa familia como pobre, y es que en otras latitudes y otras realidades no puedes aplicar los mismos criterios económicos e incluso morales que en tu entorno social. En sus ojos no había desesperanza, en su conversación no había desesperación, en su actuar no había miseria. 
Para ser justos también y en la vereda contraria muchas de nuestras comodidades tampoco pueden ser consideradas como un lujo. Vehículos, vestuario, comunicaciones, tecnología, terminan siendo en nuestras modernas urbes tan necesarios para la superviviencia como lo es para Melina mantener un brasero con hierbas encendido para ahuyentar a las nubes de mosquitos que inundan el lugar. 
Al final te das cuenta que la pobreza tiene que ver con carencias; que los lujos y el exceso tiene que ver con tener lo que no necesitas; y que en resumidas cuentas todos vivimos en una selva, aunque me parece que la de ellos puede ser más dura pero es más humana.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Rojo

Fuente de vida, sangre amerindia 
Flor de copihue, vides en otoño, ríos de lava 
Amanecer patagónico, ocaso andino, 
Semillas maduras de una tarde cualquiera

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cicatrices del Paine

Han pasado casi dos años desde aquel fatídico 27 de diciembre de 2011 cuando la fogata que un turista israelí iniciara con papel higiénico desató un incendio que consumió 17.600 hectaréas, un tercio de ellas de bosque nativo al interior del Parque Nacional Torres del Paine, recientemente elegido como la octava maravilla del mundo. 
Las cicatrices permanecerán por décadas, por más que intenten ser aplacadas por los planes de reforestación, pero en las cercanía del lago Pehóe y del mirador los cuernos los pastizales lentamente recobran su verdor y los árboles carbonizados dejan que el viento, la lluvia y la nieve laman y curen sus heridas. 
Hablamos indignados de descuido, de falta de vigilancia, de irresponsabilidad de los visitantes, de la necesidad de sanciones más severas, pero quizás olvidamos que esta es quizás una cuenta pendiente que la Patagonia aguardó tiempo por cobrarnos. Porque fuimos nosotros, no por descuido, plenamente concientes, los que incendiamos deliberadamente y durante décadas los bosques de Aysén con la finalidad de destinar esas tierras a la crianza de ganado. Quizás en los últimos años solo hemos recibido una cucharada de nuestra propia falta de juicio. 

A contar de 1937 la Caja de Colonización entregó gigantescos terrenos a los primeros colonos bajo que condición de que cada uno comenzara eliminando 120 ha de bosque nativo. La forma más usada fue a través de incendios intencionales que en algunos casos duraron años y arrasaron cientos de miles de hectáreas los que no solo acabaron con la vida vegetal sino que también contribuyeron a una acelerada erosión del suelo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

La Tejedora

“Tejiendo redes ya se hizo mujer, 
Las mismas redes la vieron crecer, 
Teje que teje con facilidad 
La tejedora va, la tejedora va. 

No me enamores niña hermosa 
Que me puedo resbalar 
Y caer entre tus redes niña, 
Ten más cuidado con tus redes niña, 
Que me voy a enamorar.” 

Cuando pequeña cantaba la canción como una ronda mientras jugaba a las escondidas entre los botes de la caleta Portales. 
Pasaron los años y comenzó a cantarla como una coqueta tonada mientras era mirada de reojo por los muchachos que salían de sus lanchones. 
Han vuelto a pasar los años y no es raro que se sorprenda a si misma cantándola, casi como una letanía y con todo el empeño en que sus hijas no aprendan la misma canción.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Punto de Quiebre

La reunión era importante así que decidí recurrir a artillería pesada. Aprovechando su paso por Chile fui acompañado de Lance, vicepresidente de la compañía norteamericana de tecnología que la empresa en la que trabajo representa Chile, Martin, gerente de ventas para Latinoamérica y el Caribe, ambos gringos algo hispanoparlantes, y Adriana, encargada de negocios para el conosur, quien aportaba ese carisma propio de las colombianas. 
Luego de una hora y media de conversar sobre tendencias, marketing, mercado y otros tópicos quienes nos recibieron nos invitaron a contemplar Santiago desde los miradores del edificio Telefónica, aquella emblemática torre de 134 metros que se levanta junto a la también emblemática Plaza Italia. 
Comentario aparte es que estoy convencido de que la invitación fue más motivada por las largas piernas de Adriana que por una gentileza de quienes nos recibieron. 
Desde el piso 34 la ciudad se abría como una sábana multicolor a nuestros pies. Desde el mirador oriente se podía apreciar la inmensidad creciente del cordón formado por el Cerro San Cristobal, luego el Manquehue, hasta llegar a Los Andes, en esas fechas absolutamente nevados, coronados por El Plomo, la máxima cumbre que puede ser vista desde el centro de la capital. Más cerca de nosotros apreciamos el hermoso Parque Bicentenario de Vitacura y el magnífico mundo de cristal que tienen por emblema a las al que se pierde la vista entre los viñedos de Cousiño Macul. 
La visión cambia desde el mirador Poniente. En primera instancia se aprecia el barrio cívico girando en torno al Palacio de La Moneda, pero más allá todo se funde en una maraña de poblaciones y conjuntos habitacionales donde la densidad demográfica es notoriamente exagerada, cordones industriales a diestra y siniestra, y una omnipresente nube de smog que vuelve todo difuso y borroso. 
Adriana miraba al oriente comentando que esa tarde esperaba irse de shoping en el Parque Arauco mientras Martin miraba al poniente, quizás preguntándose si alguna vez conocerá aquel Santiago que está más allá de los hoteles y restaurantes de la ciudad empresarial. En tanto yo me daba cuenta de lo cierto que es el que vivimos en una ciudad de dos almas que poco conocen una de la otra a pesar de estar unidas por la rotonda de Plaza Italia.

martes, 5 de noviembre de 2013

Licancabur y Quimal

Los abuelos en Atacama saben bien que los volcanes son antiguos guerreros y los cerros son hermosas doncellas. El padre de todos ellos es el anciano e iracundo Lascar, el volcán más activo de Los Andes; de entre los jóvenes los más gallardos eran los hermanos Licancabur yJuriques, iguales en fuerza y bravura, quienes vivían junto a Quimal, la más hermosa de las doncellas quien solía adornarse con las joyas de plata que forjaba en su interior. 
Ambos jóvenes pretendían el amor de Quimal pero esta entregó su corazón a Licancabur. Esto terminó por despertar la furia de Juriques. Su hermano era el favorito de Lascar, además los licanantay, el pueblo de las alturas, lo habían nombrado su protector y constantemente depositaban ofrendas a la Pattaohiri, la madre tierra, a sus pies. 
Ciego de despecho y deseo Juriques intentó poseer a Quimal por la fuerza y aunque no lo logró cuando Licancabur se enteró de lo sucedido de un solo golpe de su masa decapitó a su envidioso hermano quien desde entonces pasaría a ser llamado el descabezado. 
Lo acontecido perturbó la paz en las alturas andinas, los demás volcanes exigían con furia justicia para su hermano muerto y aunque Lascar entendía las razones de su hijo tomó la decisión de enviar a Quimal al destierro cien kilómetros al poniente solitaria en medio del desierto, al otro lado del mar de sal. 
Por eso si hoy visitan San Pedro de Atacama verán erguido protegiendo al pueblo al poderoso Licancabur, a su lado a Juriques descabezado y junto a ellos una enorme explanada vacía donde alguna vez habitó Quimal; y si miran al oeste, al otro lado del Salar de Atacama, verán a la joven solitaria coronando la cordillera de Domeyko. 
Pero la distancia no menguó en nada el amor de Licancabur y su tristeza logró ablandar el corazón de Lascar quien concedió al joven guerrero el pasar una noche al año en compañía de su amada. 
También por eso cada año al amanecer posterior al solsticio de invierno verán que la sombra de Licancabur cubre por completo el cuerpo de Quimal, y es este acto de amor el que marca el inicio del año nuevo licanantay.

martes, 29 de octubre de 2013

Raíces (Republicación del 05/10/09)

Hace unos cuantos años un fuerte temporal de viento derribó un añoso ciprés que coronaba el centro de la Plaza de Armas de la ciudad de Quillota. En lugar de ser convertido en leña un tallador local lo transformó en una interesante escultura alegórica a la agricultura, principal actividad económica de la zona, en donde la figura central está construida con las mismas raíces del gigante caído. 
Observando esta fotografía tomada hace ya algún tiempo no pude dejar de pensar en mis propias raíces y en ese ir y venir mental propio de las mentes desordenadas recordé un proyecto de ley que actualmente se discute en nuestro congreso que busca el que cada ciudadano pueda elegir cuál de sus apellidos, paterno o materno, sea el prioritario y por consiguiente el usado para todo fin de identificación. Sé que a muchos esta discusión puede parecer irrelevante y hasta anacrónica pero permítanme contextualizar el hecho de que hace tan sólo una década en Chile todavía existía una marcada diferencia en términos de derechos entre los hijos nacidos dentro de un matrimonio legalmente constituido, legítimos, los nacidos fuera del matrimonio, ilegítimos, y los no reconocidos por el padre, naturales. Como algo hemos avanzado, desde el gobierno de Ricardo Lagos y reformas constitucionales mediante en nuestro país actualmente se garantiza la igualdad de derechos de cuna y obra y gracia de las pruebas de ADN todo menor debe llevar el apellido de su padre quiéralo este o no. 
Volviendo al punto central la mencionada iniciativa parlamentaria despertó mucho más polvareda de la que se podría suponer. Los sectores más conservadores se opusieron tenazmente alegando que el uso en primer término del apellido paterno es parte de nuestra tradición republicana la que se basa y condice con los usos de los colonizadores españoles y las costumbres de nuestros pueblos originarios, cuestión que es cierta. Por contraparte los sectores más progresistas señalaron que cada individuo tiene el derecho a elegir libremente aquellos elementos que constituyen su identidad y que priorizar el apellido paterno por sobre el materno es una discriminación por género, cuestión que también es cierta. Como es lógico suponer no ha habido acuerdo y el proyecto de ley permanecerá en discusión eternamente como siempre ocurre. 
Más allá de los enunciados de nuestros “honorables” diputados, en mi opinión si el nombre define la identidad el apellido define la procedencia, la raíz de la cual somos originarios. En mi caso llevo orgulloso el apellido de mi padre que sin ser de alta alcurnia es el de un hombre honesto, trabajador y esforzado que hasta sus últimos días siempre estuvo manifiestamente preocupado por mí. En él están mis raíces, de él heredé buena parte de mis virtudes y también mis defectos; lo que soy, mucho o poco, se lo debo a él, aunque no puedo dejar de aclarar que no por lo anterior menosprecio el aporte de mi querida madre. 
Pero esa es mi experiencia, lo que a mí me tocó vivir, porque igualmente conozco decenas de casos de personas que nunca tuvieron una imagen paterna sino que fueron sus madres las que debieron asumir el rol de ambos padre y madre a la vez, o esa imagen fue encontrada en la figura de un padrastro, un tío o un abuelo. Porque entonces estás personas deben verse obligadas a rendir honra con su apellido a alguien al que en muchos casos ni siquiera conocen y a quien poco o nada le deben. 
Los apellidos más que un origen genético o biológico deberían implicar pertenencia, fundación, cimiento, por consiguiente no necesariamente deben estar con quien nos procreó sino más bien deberían estar con nuestras verdaderas raíces, las de afecto, educación y esa hermosa y compleja palabra llamada crianza. 
Luis Santibáñez Miranda.

domingo, 27 de octubre de 2013

Pascuala

Hija de los artistas plásticos Gonzalo Ilabaca y Pilar Argandoña, no fue al colegio en sus primeros años sino que aprendió a leer enseñada por sus padres mientras recorría con ellos el país de norte a sur. 
Durante su infancia y adolescencia vivió en India y México hasta regresar a Valparaíso donde plasmó sus vivencias en su propuesta musical. 
Lo anterior es su biografía, lo importante es que Pascuala paso a paso se ha convertido en la natural sucesora de Violeta Parra, investigando las raíces no solo de nuestro folklore, y no solo del folklore latinoamericano, sino de la música étnica en los cinco continentes, todo ello en las claves de la música actual. 
Ya sea cantando una rogativa mapuche, una cueca nortina o algo de drum & bass, escuchar a Pascuala es conectarse con esa música nacida al interior de los campos, en los cultos amerindios o en las cantinas porteñas. 
Su generación, de la que también participan Nano Stern, Manuel García y otros, son el fiel reflejo de que el truncado, y en alguna época proscrito, canto de Violeta y Victor sigue absolutamente vigente.