viernes, 5 de agosto de 2011

Bella


“Bella,
Como en la piedra fresca del manantial,
El agua abre un ancho relámpago de espuma,
Así es la sonrisa en tu rostro, bella.

Bella,
De finas manos y delgados pies
Como un caballito de plata andando,
Flor del mundo, así te veo, bella.

Bella,
Con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza,
Un nido color miel sombría donde mi corazón arde y espera, bella.

Bella,
No te caben los ojos en la cara,
No te caben los ojos en la tierra,
Hay países, hay ríos, en tus ojos,
Mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos,
Ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella.

Bella,
Tus senos son como dos panes hechos
De tierra cereal y luna de oro, bella.

Bella,
Tu cintura la hizo mi brazo como un río
Cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella.

Bella,
No hay nada como tus caderas,
Tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto
La curva y el aroma de tu cuerpo,
Tal vez en algún sitio, bella.

Bella, mi bella,
Tu voz, tu piel, tus uñas,
Bella, mi bella,
Tu ser, tu luz, tu sombra,
Bella, todo eso es mí, bella,
Todo eso es mío, mía,
Cuando andas o reposas,
Cuando cantas o duermes,
Cuando sufres o sueñas,
Siempre, cuando estás cerca o lejos,
Siempre eres mía, mi bella, siempre”


En ocasiones es mejor dejar hablar a Neruda en nuestro lugar…

domingo, 31 de julio de 2011

Angelmo en Segunda Mirada

No es raro que tanto las personas como los lugares en ocasión nos dé una primera impresión, positiva o negativa, que con un conocimiento posterior puede verse ratificada o modificada.
Mi primera opinión de la ciudad de Puerto Montt, capital austral de Chile, no fue de las mejores. Era el final de uno de los veranos más lluviosos en años y junto a mi hijo arribamos a la ciudad procedente de la isla de Chiloé donde habíamos pasado algunos días. De seguro la copiosa tormenta desatada horas antes de nuestra llegada motivó que todos los visitantes de la ciudad quisieran huir a la zona central del país y lo mismo transformó a un ya de por si desordenado terminal de buses en un lugar caótico. A los pocos intentos me di cuenta que era imposible conseguir pasajes aquella tarde y que deberíamos permanecer allí hasta el día siguiente. Entonces el problema fue encontrar hospedaje, cuestión que se resolvió con la ayuda de la oficina de turismo del lugar la que nos acomodó en la residencial de una anciana bastante cascarrabias.
Al llegar a la residencial las cosas no mejoraron, el lugar estaba lleno de gatos y en mi óptica si tienes un gato es porque tienes una mascota, si tienes dos es porque te gustan los animales, pero si tienes más de cinco es porque de seguro tienes una plaga de ratones presentes en algún lugar. Como en algunas ocasiones los felinos me provocan una desagradable alergia tuve que partir en busca de una farmacia donde comprar algún antiestamínico.
Imagino que producto del temporal de viento y lluvia el alumbrado público se encontraba apagado en todo el sector portuario entonces la impresión que me quedó de la ciudad fue la de un lugar oscuro y tétrico lleno de rostros eventualmente amenazantes. Para colmo de males mi hijo y yo nos enfermamos del estómago producto de una carne mal cocinada y mi pequeño (bueno quizás no tanto) pasó buena parte de la noche vomitando al interior del mal equipado baño de la residencial.
Tiempo después volví a la ciudad por asuntos particulares pero en esta ocasión en un hermoso día de mediados de primavera, esta vez no visité el barrio portuario y me dirigí a la pintoresca caleta de Angelmo, entonces Puerto Montt me pareció en esta ocasión un sitio lleno de luz, en donde los fríos vientos australes crispan las olas del mar frente a la isla de Tenglo, un lugar con una exquisita y exótica gastronomía, con gentes amables y cariñosas que suelen llegar a la caleta desde las poblaciones cercanas navegando en sus botes a motor.
Nuevamente debí volver a Puerto Montt a inicios del siguiente verano, esta vez por razones laborales, pero en esta ocasión debí recorrer la zona más moderna de la ciudad. Entonces Puerto Montt me pareció una ciudad bullente, vanguardista en cuanto a sus diseños, con una abundante oferta de comercio y servicio.
Supongo que Puerto Montt es realmente las tres ciudades: un sitio oscuro de noche con un barrio portuario que pareciera ser sacado de alguna novela de Melville, un sitio hermoso y pintoresco con una de las mejores ofertas gastronómicas de la Patagonia atendida por personas amables y sencillas, y también una ciudad moderna y bullente.
De seguro las personas somos algo así y de seguro yo soy algo así, quizás hay quienes me han conocido en mis días más oscuros y tormentosos y otros en mis instantes más luminosos y alegres, cualquiera haya sido la experiencia inicial por favor denme una segunda y quizás una tercera oportunidad.

miércoles, 27 de julio de 2011

Castillos, Caballeros y Princesas

Es curioso que en la ciudad de Viña del Mar abunden los castillos siendo que la urbe fue fundada cuatro siglos después de finalizada la Edad Media, nunca corrió el riesgo de ser atacada por corsarios y ningún miembro de la nobleza vivió en ella. Estos son castillos levantados a principio del siglo XX con las fortunas amasadas en los años posteriores a la revolución industrial, todas fortuna efímeras y quizás por lo mismo ninguno de ellos se encuentra en manos de sus originales dueños. Alguno se ha convertido en un centro de eventos, otro en un club social perteneciente a la colonia árabe, otro en manos del estado es una de las residencias del presidente de la República y finalmente el Castillo Wulff, en la imagen, ha sido habilitado como museo por una universidad privada.
Pero los castillos son castillos, no importa su origen. Cada vez que un niño ve uno se imagina a sí mismo como un caballero de brillante armadura luchando contra un dragón, y cada vez que una niña ve uno se imagina a sí misma como una princesa en espera de ser rescatada. Si a los niños les interesan solo los baluartes desde los cuales derribar con su espada a sus enemigos a las niñas les interesan sus amplios salones en donde se celebran aquellos bailes de ensueño. Dos miradas distintas, dos interesas distintos, un mismo castillo.
Por muchos años tuve esa mirada de “machito” frente a la vida, luchando con mis dragones, con los orcos que pretendían subir mis muros, deseando ser un corsario, un guerrero o un aventurero. Como es esperable con el tiempo mi castillo estaba lleno de trofeos de guerra, cadáveres y despojos de los banquetes allí hechos.
Quizás por lo mismo me sorprende tanto que casi sin darme cuenta una alegre y hermosa princesa se haya ido adueñando uno a uno de sus salones, abriendo las cortinas, limpiando el polvo, arreglando algo aquí y otro poco allá. Reconozco que había olvidado lo que era el tan necesario “toque femenino”.

La vida no es color de rosas, menos aún un cuento de hadas, en ocasiones los finales no son felices, pero definitivamente se siente mejor de a dos.

sábado, 2 de julio de 2011

Luce y Sombras (Republicación del 15/06/09)


De esta fotografía un amigo cuya opinión en la materia respeto bastante comentó que los planos estaban suavemente marcados fundiéndose unos con otros, hay un interesante contraste entre luces y sombras, y los niños jugando y las olas del mar le daban una sensación exquisita de movimiento. Todo ello indudablemente muy halagador, pero para mí la imagen es tan sólo el grato recuerdo de un hermoso día de caminata por la playa en compañía de mi hijo.
Sabemos bien que todos los sucesos de nuestra vida están compuestos, al igual que la fotografía, por matices entre luz y sombra. Nada es completamente malo ni perfectamente bueno, cada emoción y sensación está en un punto entre la felicidad absoluta y la total tristeza, nada alcanza la perfección pero tampoco la imperfección extrema (definitivamente algo malo siempre puede ser peor). Sin embargo a la hora de hacer los balances, cuando el paso del tiempo ha difuminado los detalles y solo se conserva lo medular, nuestros juicios y evaluaciones parecen ser mucho más categóricas, fue bueno o fue malo, estuve alegre o estuve triste, me amó o no me amó.
Ese día de playa a mediados de la primavera recién pasada es traído a mi memoria RAM como un hermoso tiempo familiar de esos que uno quisiera constantemente repetir, el resto de los datos permanecen casi borrados en el disco duro como por ejemplo que tuve poco menos que rogar a mi hijo para que me acompañara superando el característico desgano adolescente, que hacía un frio atroz, que olvidé mis tarjetas de crédito en casa por lo que tuve que juntar cada peso en los bolsillos para pasar a comer algo permaneciendo de paso casi media hora en una insoportable fila de Mac Donald, pero nada de eso realmente importa porque fue un día perfecto y fantástico.
Estuve casado siete años y ya llevó diez separado pero tengo un hermoso recuerdo de mi matrimonio (indudablemente si me separé es porque no fue tan perfecto), se me dibuja una sonrisa en el rostro cada vez que recuerdos mis años de secundaria y la verdad pasé por las inseguridades y desventuras propias de todo quinceañero, tengo los mejores recuerdos de los trabajos en los que he estado y objetivamente algunos eran bastante mal pagados y/o en otros mis jefes eran francamente insoportables, y así podría continuar con un sinfín de gratas experiencias y felices recuerdos casi como si nunca hubiera tenido días malos cuando lo cierto es que más que días tuve semanas, meses y años difíciles.
¿La mente de todos actúa así? ¿Soy solo yo el que recuerda solamente cosas buenas? ¿Es eso positivo? ¿No será necesario cargar con alguna dosis de tristeza, odio, arrepentimiento o que se yo?
Hoy día estoy un tanto existencialista pero lo interesante es que de seguro en unas semanas más olvidaré estas horas de cuestionamiento y probablemente califique estos días como tranquilos y gratos o de le contrario es factible que tan solo apriete el mental botón “Delete” y elimine mi actual introspección del disco duro.

lunes, 20 de junio de 2011

Mosaico


Hay algo fascinante al observar esta foto de una de los cerros de Valparaíso, al mirarla pareciera que cientos de casas hubieran sido construidas una sobre otra, pareciera no existir ninguna lógica, ningún respeto por las normas urbanísticas, una suerte de anarquía arquitectónica, pero no es así, hay un ordenado desorden y una lógica aunque esta no siga patrones.
En alguna época las casas tan solo cubrían las cimas de los cerros, en algún momento se tomo la decisión de instalar ascensores funiculares que facilitara el acceso de la población al plan de la ciudad y allí sobrevino la locura espontánea, prontamente los faldeos de las colinas se fueron cubriendo de viviendas que aprovechaban hasta el más mínimo espacio disponible para levantarse, viviendas que debían adaptarse al ondulante trazado del terreno obligando a sus constructores a improvisar con formas impensadas aún para el más diestro de los arquitectos, viviendas construidas con los materiales desechados por los constructores de los edificios de las navieras y pintadas con los tarros de pintura encontrados sobrantes en los astilleros que en ese entonces repletaban las costas de la ciudad,
Mirado desde frente parece una locura pero al internarse en sus laberínticas calles la locura tan solo parece acentuarse. Los faldeos se encuentran repletos de callejuelas y callejones que forman el más intrincados de los laberintos, con escalinatas que parecieran no conducir a ningún lado pero que siempre terminan arribando a algún lugar.
Toda esta aparente enajenación urbanística está llena por sobre todo de un componente: color, música, anhelos, personas, historias y en resumen vida en toda su expresión, algo que pareciera escasear en nuestras nuevas edificaciones uniformes, perfectamente simétricas, cubiertas en hormigón y cristal y por sobre todo carentes del toque humano que los pueda hacer únicos e irrepetibles como las viviendas de los cerros porteños.

miércoles, 15 de junio de 2011

Rutinarias Sorpresas


De seguro hace algunos siglos no existía el concepto de la rutina, la mayoría de la población dedicada al campesinado vivía cada día exactamente igual que el anterior levantándose en las mañanas para cultivar la tierra, cuidar el ganado, juntar alimentos para el invierno e irse a dormir presos del cansancio. Y también fue de seguro con la mejora en las condiciones de vida, el establecimiento de jornadas laborales y días de descanso que surgió la rutina y por consiguiente el aburrimiento.
En la actualidad escapar de la rutina, como muchas otras cosas pareciera ser una cuestión de recursos. Cada día al cierre de la jornada laboral quienes pueden repletan bares y restaurantes para entre risas y conversaciones escapar del estrés del diario vivir y quienes no pueden emprenden su rutinario regreso a casa; los días viernes quienes pueden abandonan la ciudad rumbo a alguna playa en verano o centro invernal en invierno y quienes no pueden se encierran en sus hogares a ver como transcurren las horas de un rutinario fin de semana; cada día domingo quienes pueden deambulan por los centros comerciales dándose algún gusto de consumo u organizan alguna bullente comida familiar y quienes no pueden se dedican a mirar con desgano sus rutinarios programas de televisión.
Hace algún tiempo deambulaba por una de las rutinarias calles de Santiago en una igualmente rutinaria tarde de verano y sin saber cómo me encontré en dentro de un antiguo local de juegos mecánicos, de aquellos que otrora abundaban en las ferias itinerantes. Por tan solo quinientos pesos (ósea un dólar) me subí a la rueda de la fortuna, también conocida como rueda de Chicago, y durante unos diez minutos disfruté de una hermosa y distinta vista de Santiago y en especial de la Iglesia de los Sacramentinos ubicada a un costado. La experiencia, entre lúdica y nostálgica, me permitió abstraerme completamente de lo rutinario de aquel día y de lo rutinario de aquel lugar.
Definitivamente salir de la rutina no es cuestión de recursos sino que como dice la canción es solo una cuestión de actitud.

sábado, 11 de junio de 2011

En la Cima del Calvario

Hace unos tres años tuve la ocasión de estar en la ciudad boliviana de Copacabana (no confundir con la archiconocida playa brasileña), un pequeño pueblo asentado a orillas del Lago Titicaca en medio del altiplano andino a cuyo costado se levanta un imponente cerro de poco más de trescientos metros de altura conocido como El Calvario.
Como es lógico suponer desde lo alto del Calvario se obtiene una impresionante vista de Copacabana, el Titicaca y la comarca circundante así que con mi hijo no dudamos en desafiar los casi 4.000 metros sobre el nivel del mar en que nos encontrábamos y realizamos el ascenso. La vista cumplía con las expectativas pero lo que me llamó la atención fueron dos cosas: primero la gran cantidad de altares en su cima y en segundo término el encontrarnos con un masivo Vía Crucis a nuestro regreso considerando que faltaba al menos un mes para Semana Santa.
Lo cierto es que en Copacabana los ceremoniales de pascua de resurrección se inician con cuarenta días de antelación y durante este tiempo todos los viernes a media tarde se lleva a cabo un vía crucis por parte de la comunidad, pero a diferencia de otros una vez que los devotos llegan a la cima en ella compran una suerte de pequeños fetiches que representan sus anhelos para el resto del año, así el que quiere comprar una casa compra la maqueta en miniatura de una del que de estas, el que desea un automóvil compra un pequeño autito de juguete, el que anhela realizar un viaje compra una maleta y miniatura y así un sinfín de representaciones prácticas de los más variados deseos.
Una vez adquirido esta suerte de tótem de los deseos desasen el camino andado para regresar a la catedral católica de la ciudad donde le piden a un sacerdote o sacristán que bendiga el artilugio, finalmente con este ya debidamente bendecido nuevamente ascienden hasta lo alto del Calvario para depositar el bendito objeto como ofrenda en los altares que sobrepueblan la cima.
Créanme que subir una escala que asciende 300 metros con peldaños de piedra de varios centímetros de alto con una gradiente de cuarenta y cinco grados y con el escaso oxígeno que hay a 4.000 msnm sobrepasa la devoción y clasifica casi como un martirio.
Más allá de lo auto flagelante que puedan resultar las tradiciones religiosas en algunos lugares todo lo anterior me hizo pensar en lo contradictorio que resulta el hecho de que la esencia misma del cristianismo habla de libertad y una vida plena, “Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Además se supone que el sacrificio de Jesús en el Calvario fue el sacrificio supremo hecho para que los hombres obtengan libertad de la esclavitud del pecado y luego de este no sea necesario ningún otro sacrificio, sin embargo por alguna razón que creo que tienen más que ver con poder controlar a las personas las instituciones religiosas han convertido a la religión en una suma continuo de sacrificios y penitencias, de esta forma la cima del Calvario no es más que el inicio de otros interminables clavarios.

domingo, 5 de junio de 2011

"Vino del Mar"


Lo interesante de ciertas canciones es que en ocasiones nos enamoramos de su melodía y en otras de su letra. Usualmente cautivarnos por una melodía es cosa sencilla pero con la letra es un tanto más complejo en especial cuando su poesía esconde ciertos secretos. Recuerdo que años atrás descubrí que la “Midnight Special” es el nombre con el que en el lenguaje del hampa norteamericana se conoce al revolver calibre 22 y entendí que la canción homónima de Credence Clearwater Revival trataba sobre una ola de asaltos a pequeños supermercados ocurrida en el sur de los Estados Unidos a comienzos de los setentas.
Entrando de lleno a este post la foto corresponde al señor Jorge Coulón, una de los miembros fiundadores y más emblemáticos de los prestigiados Inti Illimani. Hace poco en el último concierto al que asistí de ellos supe la historia detrás de “Vino del Mar”, una de sus más representativas canciones en los últimos años.

“Vino del mar, envuelta en agua azul, la trajo el viento del más allá,
Dormida en las olas de espuma y sal sobre su propia herida mortal.

Vino del mar con una cicatriz que dividía su pecho en dos,
Trazada por un furioso puñal que eternizó su indefensión.

Vino del mar más blanca que la sal hacia la oscura arteria de mi amor
Y allí quedó muerta en la playa gris bajo un fulgor crepuscular.

Vino del mar más negra que el carbón para alumbrar la noche de mi amor
Y allí encendió un fuego sin furor para entibiar mi corazón.

Vino del mar y era una estrella azul danzando en altas olas de sal.
(Volviste a mí porque me ataste al nudo de la eternidad)."

El 9 de Agosto de 1976 Marta Ugarte, profesora y miembro del comité central del Partido Comunista chileno, fue detenida por agentes de la DINA (organismo de seguridad del gobierno de Augusto Pinochet). Fue recluida en el centro de detención de Villa Grimaldi para luego por orden del oficial Germán Barriga ser asesinada por inyección letal.
Marta sobrevivió a la inyección por lo que fue atacada con un corvo para luego echar su cuerpo al interior de un saco que fue atado a un riel de ferrocarril con la idea de arrojar el cuerpo al mar. Antes de ser subida al helicóptero los operativos de la Dina notaron que seguía con vida por lo que usaron una de las amarras para ahorcarla y luego quemaron su cuerpo el que finalmente fue lanzado al océano, pero la falta de una de las ataduras permitió que el cadáver se liberara del riel y saliera a la superficie.
El 9 de Septiembre de 1976, un mes después de su detención, el cuerpo mutilado y quemado de Marta Ugarte fue encontrada en la playa La Ballena cerca de los Molles convirtiéndose en la única prueba y testigo de esta vía de aniquilamiento usada por los organismos de la dictadura militar.
Si bien no hay cifras claras se estima que entre 1973 y 1976 alrededor de 588 personas fueron desaparecidas a través de este método.